La edad media para comprar tu primera casa en España ya son 41 años: 6 golpes de realidad de la generación joven

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Sin contrato indefinido no hay hipoteca: la temporalidad cierra la puerta a la mayoría de menores de 35

Primer plano de un agente inmobiliario entregando una llave de casa a un nuevo propietario, simbolizando propiedad e inversión.

El contrato indefinido funciona en la práctica como el primer filtro que aplica la banca antes siquiera de estudiar un expediente. Las entidades exigen estabilidad laboral acreditada, con carácter general un empleo fijo y al menos un año de antigüedad, y un solicitante con contrato temporal activa la alerta de riesgo casi de inmediato: aunque los ingresos sean idénticos a los de un indefinido, el banco responde endureciendo las condiciones, con financiación que baja del 80% habitual al 70-75% del valor y demandas extra de ahorro o avalistas. Tecnotramit calcula que uno de cada tres solicitantes no supera las primeras fases de evaluación y sitúa la inestabilidad laboral entre las causas principales de rechazo. Para una generación que accede al mercado de trabajo encadenando contratos de obra, suplencias o fijos discontinuos, ese primer filtro no es una anécdota: es la barrera de entrada silenciosa a la propiedad.

Los datos de la EPA muestran la asimetría: mientras la temporalidad general ha caído hasta rondar el 15% tras la reforma laboral, entre los asalariados de 16 a 24 años supera el 48% y en el tramo de 16 a 29 se acerca al 36%. Ese desajuste se traslada directamente al mercado hipotecario: solo el 7% de la generación Z está pagando una hipoteca, frente al 37% de los millennials, y apenas un 6% del crédito para compra de vivienda recae en menores de 35 años. Quienes consiguen romper el techo suelen hacerlo con un contrato ya consolidado o con la firma de los padres como avalistas, una muleta que no está al alcance de todos. La reforma laboral ha maquillado las estadísticas de contratación, pero no ha movido el criterio bancario: sin indefinido, comprar sigue siendo una cuestión de espera, no de decisión.