Un granero de Massachusetts escondía el tesoro tecnológico más inesperado: 2.200 ordenadores abandonados durante 23 años. La historia es viral y tiene más giros que un culebrón de sobremesa.
James Pellegrini, un ingeniero de la zona, le pidió a su vecino guardar unas cosas en el granero hace más de dos décadas. Esas cosas eran 2.200 ordenadores NABU que compró con la idea de montar una centralita telefónica. El plan nunca despegó y los cacharros se quedaron ahí, acumulando polvo y olvido.
El granero empezó a sufrir problemas estructurales y el vecino le dijo que ya estaba bien de hacer de almacén. Pellegrini tuvo que desalojar todo. En lugar de tirar los NABU, decidió probar suerte en eBay.
De chatarra a tesoro: el giro que nadie vio venir
Primero los puso a 20 dólares. Luego a 60. Y después a 100. Llegó a facturar más de 45.000 euros vendiendo máquinas que parecían condenadas al reciclaje. Un negocio fallido convertido en salvavidas económico.
La jugada duró hasta que dejó eBay sin dar una razón concreta. La explicación más plausible, según el medio alemán Gamestar, es económica: evitar las comisiones de la plataforma. No es falta de stock: le quedan unidades y están en buen estado.
Y aquí viene lo mejor: Pellegrini montó su propia tienda online. Hoy vende dispositivos de streaming 4K para televisores y coloca los NABU que le quedan. El pack con ordenador y teclado cuesta ahora 400 dólares.
Una idea visionaria fracasada se convierte en reliquia de coleccionista con el paso de los años.
Qué es exactamente un NABU y por qué colecciona gente estos trastos
Los NABU (Natural Access to Bidirectional Utility) fueron un proyecto de una compañía canadiense de mediados de los 80. Querían llevar conectividad de red a los hogares a través del cable de televisión. Una especie de internet primitiva y simplificada.
Piensa en ello: en los 80, la tele por cable era la gran autopista. NABU quiso meter un ordenador en cada casa aprovechando esa infraestructura. Se adelantó décadas al internet que hoy damos por sentado.
Por dentro llevaban un Zilog Z80 a 3,58 MHz, 64 KB de RAM, y gráficos de Texas Instruments. Unas tripas modestas hasta para su época. La empresa acabó en bancarrota y dejó miles de unidades sin vender.
De ahí que Pellegrini pudiera hacerse con ellas a precio de saldo hace tres décadas, sin imaginar que acabarían convertidas en piezas de coleccionismo retro.
El coleccionismo retro no entiende de lógica de mercado
No es la primera vez que un garaje esconde un filón. El año pasado, alguien vendió una treintena de SEAT 600 en Wallapop tras medio siglo olvidados. La nostalgia mueve dinero, y el coleccionismo retro no entiende de lógica de mercado.
En foros de retrocomputación la historia ha corrido como la pólvora. La combinación de un proyecto fracasado, un granero polvoriento y una tienda nueva tiene todo lo que engancha a internet.
Eso sí, no todo vale oro. Miles de NABU quedaron sin vender porque el proyecto fracasó. Ahora son piezas de colección. La diferencia: el tiempo y una buena historia.
La pregunta que queda en el aire: ¿cuántos tesoros tecnológicos siguen escondidos en graneros y garajes esperando a que alguien los redescubra?
📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)
- 👤 De quién hablamos: James Pellegrini, ingeniero de Massachusetts.
- 📲 En qué red social ha pasado: eBay y su tienda online.
- 🔥 Por qué es viral: 2.200 ordenadores retro abandonados durante 23 años salen a la venta.



