Ni a las 22:00 ni a las 23:00: esta es la hora exacta a la que debes dormir según la ciencia

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El gen CRY1: por qué hay personas que deben acostarse a las 2 de la madrugada

Un primer plano de una mano alcanzando un despertador que suena, simbolizando despertarse por la mañana.

La genética puede explicar por qué algunas personas no consiguen conciliar el sueño hasta bien pasada la medianoche, aunque apaguen el móvil y sigan todas las normas de higiene del sueño. En 2017, un equipo de la Universidad Rockefeller y el Weill Cornell Medical College publicó en Cell el hallazgo de una variante del gen CRY1, conocida como CRY1Δ11, que alarga el reloj circadiano interno. El caso que abrió la investigación fue el de una mujer de 46 años que solía acostarse entre las 2 y las 3 de la madrugada y, en ocasiones, hasta las 5 o las 6. Aislada durante dos semanas en un apartamento sin ventanas ni indicios de la hora, su ciclo se estiró unos 30 minutos y su melatonina, la hormona que induce el sueño, no se elevaba hasta las 2 o las 3 de la mañana, frente a las 21:00 o 22:00 de la mayoría de la gente. El defecto hace que la proteína CRY1 inhiba con más fuerza a las proteínas CLOCK y BMAL1, que mantienen activos los genes de la vigilia, alargando el freno del reloj biológico más de lo debido.

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La variante no es una rareza de laboratorio: es dominante, de modo que basta una copia para notar sus efectos, y se calcula que está presente en una de cada 75 personas de ascendencia europea no finesa, lo que la convierte en la mutación relacionada con el sueño más frecuente descrita hasta ahora. En las seis familias turcas estudiadas, los portadores retrasaban su hora de acostarse entre dos y dos horas y media respecto a sus parientes sin la mutación, y el punto medio de su sueño se situaba entre las 6 y las 8 de la mañana, frente a las 4 de los no portadores. Quienes la heredan encajan en el trastorno de fase de sueño retrasada, que afecta a cerca del 10 % de la población y se asocia con ansiedad, depresión, diabetes y enfermedad cardiovascular. Como resumió la primera autora, Alina Patke, viven con días más largos que los que da el planeta y pasan la existencia intentando ponerse al día: un jet lag perpetuo hacia el este. La buena noticia es que el reloj responde a la luz exterior, y los horarios estrictos con exposición solar diurna pueden ayudar a estos trasnochadores por mandato genético.