La NASA lanza el telescopio Roman rumbo a su nuevo 'Atlas del Universo'

La NASA ha puesto rumbo al espacio profundo su telescopio más ambicioso desde el Hubble, con un campo de visión 100 veces mayor. En tres meses llegará a su destino final y empezará a construir el mapa más completo del universo jamás realizado.

La NASA ha dado el paso más importante de su década en astronomía. El domingo 30 de agosto de 2026, un cohete Falcon Heavy de SpaceX despegó desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy con el telescopio espacial Nancy Grace Roman a bordo, iniciando un viaje de tres meses hacia su destino definitivo en el espacio.

No es una exageración llamarlo histórico: el propio administrador de la agencia, Jared Isaacman, lo resumió con una frase que se ha repetido en medios de medio mundo: "Roman dará a la Tierra un nuevo atlas del universo". Y las cifras respaldan la ambición del proyecto.

Un lanzamiento perfecto para la NASA

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El despegue, a las 7:26 de la mañana hora del este de Estados Unidos, se produjo sin ningún incidente. Los paneles solares del telescopio se desplegaron correctamente pocos minutos después de separarse del cohete, y desde entonces mantiene comunicación constante con el centro de control en Maryland. Para una agencia acostumbrada a retrasos y sobrecostes, este lanzamiento llegó antes de lo previsto y por debajo del presupuesto.

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El Falcon Heavy que lo puso en trayectoria registró su decimotercer vuelo, con los dos propulsores laterales aterrizando con éxito en las zonas de recuperación de Cabo Cañaveral. Mientras SpaceX avanza hacia la sustitución de este cohete por el Starship, el Heavy sigue siendo, de momento, el vehículo de referencia para las cargas más pesadas y delicadas.

Cien veces más campo de visión que el Hubble

La NASA ha diseñado este observatorio para hacer algo que ni el Hubble ni el James Webb pueden lograr por sí solos: abarcar franjas enormes de cielo con una nitidez comparable a la de sus telescopios más precisos. El Telescopio Roman cuenta con un campo de visión más de 100 veces mayor que el del Hubble, lo que le permitirá completar estudios astronómicos hasta mil veces más rápido que su predecesor.

La cifra que más ha llamado la atención de los científicos es otra: durante su misión, el Roman podría medir la luz de un billón de galaxias. No es una hipérbole publicitaria, sino una consecuencia matemática de la combinación entre su campo de visión y su velocidad de barrido del cielo.

Rumbo al punto de Lagrange, como el James Webb

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El telescopio no entrará en órbita alrededor de la Tierra, sino que viaja hacia el segundo punto de Lagrange del sistema Sol-Tierra, conocido como L2, situado a unos 1,6 millones de kilómetros de nuestro planeta. Es el mismo lugar donde opera el telescopio James Webb, y la razón es sencilla: allí la atracción gravitatoria del Sol y la Tierra se equilibra, permitiendo mantener una posición estable con un gasto mínimo de combustible.

El trayecto completo durará aproximadamente tres meses. Durante ese tiempo, el equipo de la NASA irá activando de forma progresiva los distintos instrumentos científicos, de manera que el observatorio esté listo para trabajar desde el mismo instante en que alcance su posición definitiva.

Por qué lleva el nombre de una pionera de la NASA

El telescopio honra a Nancy Grace Roman (1925-2018), la primera astrónoma jefa de la agencia y una de las primeras mujeres en ocupar un puesto ejecutivo dentro de la NASA. Fue ella quien impulsó el desarrollo de observatorios espaciales capaces de estudiar el universo por encima de la atmósfera terrestre, y por eso se la conoce como "la madre del Hubble".

Mientras que aquel telescopio reveló que el universo se expande más deprisa de lo que se pensaba, el Roman está diseñado para investigar otros misterios que siguen sin respuesta clara. Entre sus objetivos principales figuran:

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  • Investigar la naturaleza de la energía oscura, la fuerza que acelera la expansión del universo.
  • Estudiar la distribución de la materia oscura a gran escala.
  • Realizar un censo estadístico de sistemas planetarios fuera del sistema solar.
  • Detectar exoplanetas mediante la técnica de microlente gravitacional.

Un observatorio pensado para trabajar en equipo

A diferencia de misiones anteriores concebidas como proyectos aislados, el Roman ha sido diseñado desde el principio para complementar al James Webb. Mientras el Webb ofrece una precisión extrema en zonas muy concretas del cielo, el Roman aporta la visión panorámica: identifica primero dónde mirar, y después otros telescopios más potentes pueden profundizar en esos puntos exactos.

Este enfoque colaborativo también responde a una lección aprendida por la propia NASA en misiones anteriores: los grandes descubrimientos rara vez llegan de un único instrumento, sino de la combinación de varios trabajando en conjunto. El coste total del proyecto, unos 4.300 millones de dólares, se justifica precisamente por esa capacidad de multiplicar el rendimiento de toda la flota de observatorios espaciales estadounidenses.

Lo que viene ahora: tres meses decisivos

Los próximos noventa días serán claves para el éxito de la misión. El equipo de Goddard confirmó que, poco después del despegue, ya se había completado la separación de la etapa central y el despliegue de los paneles solares y del parasol inferior, dos de los hitos más delicados de cualquier misión de este tipo. Cada paso se cumple según el calendario previsto, algo que en el mundo de la exploración espacial nunca se da por hecho.

Si todo continúa así, a finales de este año el Roman debería estar operativo en L2 y comenzar a enviar sus primeras observaciones científicas. Para la comunidad astronómica española e internacional, esa fecha marcará el inicio de una nueva etapa de descubrimientos que, con suerte, ayudará a resolver preguntas sobre el cosmos que llevan décadas sin respuesta definitiva.