4Maradona a juicio por disparar a los periodistas en su casa
Corría febrero de 1994 y Diego Maradona, recién desvinculado del Newell's Old Boys tras desaparecer varios días, se había atrincherado en la quinta de sus padres en Moreno, en el oeste del Gran Buenos Aires. El asedio de la prensa, que montaba guardia en la puerta para conocer su futuro deportivo, acabó por desbordarle: primero les lanzó agua con una manguera y después, parapetado tras un Mercedes color bordó, abrió fuego con un rifle de aire comprimido. Los balines hirieron a cuatro profesionales (los cronistas y reporteros Pablo Talamoni, Norberto Zani, Sergio Vijande Rivera y Rafael Yohai) mientras las cámaras grababan la escena, que dio la vuelta al mundo: la imagen del ídolo del fútbol mundial apuntando contra los periodistas se emitió en directo por televisión. "Si no se van, empezamos a tirar balas de verdad", llegó a gritar, según recogieron entonces los medios. La policía allanó esa misma noche la finca en busca del arma, sin hallarla, y los agredidos presentaron una denuncia que dio origen a un proceso judicial inédito contra el mayor mito del fútbol argentino.
Lo que siguió fue una odisea judicial de casi una década que se convirtió en un símbolo: un proceso contra "Dios", como ironizó el abogado de las víctimas al recordar que algunos querían "salvar" al ídolo. En junio de 1998, el juez penal de Mercedes, Dante Pietrafesa, condenó a Maradona a dos años y diez meses de prisión en suspenso por lesiones leves reiteradas, agresiones y daños, pese a que el fiscal había solicitado cuatro años de cárcel efectiva. La Cámara de Apelaciones redujo después la pena a dos años, confirmada por la Suprema Corte bonaerense en febrero de 2000, y hubo que esperar hasta octubre de 2002 para que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, tras más de dos años de dilaciones, rechazara los recursos de la defensa y dejara firme la condena. Maradona nunca ingresó en prisión, pero el fallo destrabó los pleitos civiles: en 2001 un juez le ordenó pagar 15.000 pesos al fotógrafo Raúl Moleón, herido en una mano y en las costillas. El caso quedó como una de las pocas ocasiones en que la fama y el poder no blindaron a un futbolista frente a la Justicia.
