Los enfermeros piden prohibir las bebidas energéticas a menores en toda España, como ya pasa en Galicia y Baleares. Y la verdad, no es para menos.
El Consejo General de Enfermería (CGE) lo acaba de dejar claro: prohibir no es un capricho moral, es una cuestión de salud. Florentino Pérez Raya, su presidente, valora la medida del Gobierno pero avisa de que sin campañas de información la prohibición se queda corta.
Qué lleva dentro (y por qué llamarlas estimulantes no es un capricho)
Coge una lata de medio litro y lee la letra pequeña. Según Héctor Nafría, enfermero responsable de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación del CGE, una lata de medio litro puede llevar unos 160 miligramos de cafeína. Para un adolescente de 50 kilos, esa cantidad supera ligeramente el nivel diario de referencia que marca la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.
¿Y qué notas en el cuerpo? La cafeína aprieta el acelerador del sistema nervioso, el azúcar dispara el pico de energía y la taurina alarga el subidón. El problema no es una lata suelta, es encadenar latas y dormir como si no hubiera mañana. En un cuerpo adolescente, ese cóctel puede traducirse en nervios, taquicardias y noches en vela. Vamos, lo contrario a lo que uno quiere un martes antes del instituto.
Por eso Marilourdes de Torres, coordinadora del comité científico de AdENyD, insiste en cambiarles el nombre. No son refrescantes, son estimulantes, viene a decir. La razón es simple: llevan taurina, azúcares y cafeína en una combinación que no es inocente. La entidad pide que se llamen bebidas estimulantes para que todos entendamos de qué va el asunto.
Prohibir es el primer paso, pero sin campañas de información un adolescente solo ve la lata prohibida como un reto más.
La propuesta de prohibición: esto va por miligramos
La propuesta del Ministerio de Consumo va por miligramos. Los menores de 16 años no podrían comprar ninguna bebida energética y la prohibición se ampliaría a los menores de 18 si la bebida supera los 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros. Eso, sobre el papel, es un cortafuegos bastante razonable.
Marilourdes de Torres va un paso más allá y lo deja atado hasta en el formato. Que los envases no superen los 250 mililitros, que la prohibición se active a partir de 15 miligramos por cada 100 mililitros y que no se vendan en máquinas de vending ni junto a los refrescos. Su idea es que se coloquen al lado del alcohol y que el envase avise de que no está recomendado para menores ni embarazadas.
Lo que más me gusta de la propuesta es que no se queda solo en el castigo. El propio CGE reconoce que todavía hay poca evidencia directa de que prohibir baje el consumo a largo plazo. Por eso insisten tanto en las campañas de concienciación: un adolescente con una lata escondida en la mochila no deja de tomarla porque falte en el lineal.
Lo que yo pienso: entre proteger y criminalizar hay un término medio
Yo, siendo sincero, no me escandalizo por una lata puntual antes de un examen ni por el chaval que elige una Monster en el súper de la plaza. Pero entre eso y tener el pasillo lleno de latas de medio litro a la altura de los ojos hay un trecho. La mayoría de los casos no es un capricho, es un hábito que empieza pronto, y ahí está el problema. Y ojo, que no es lo mismo una lata de 250 que un tanque de medio litro: la dosis cambia y el riesgo también.
Me quedo con la idea de llamarlas estimulantes. Si una lata equivale a dos cafés cargados y a unos cuantos terrones de azúcar, lo normal es que deje de estar al lado de la Coca-Cola. Prohibir en España entera es un avance, pero el verdadero cambio llegará cuando nos tomemos en serio lo que hay dentro. Y Galicia y Baleares ya lo han comprobado.
🧠 Para soltarlo en la cena
La lata media es un café doble cargado de azúcar.




