El Gobierno ha abierto dos centros de acogida en Ceuta, pero sin garantía de quedarse: solo camas y cuidados básicos. La operación para desalojar la playa del Trampolín arrancó esta mañana, 21 días después de la avalancha masiva en la que murieron 141 personas.
De la playa a las naves: el plan de choque
La playa llevaba semanas convertida en un campamento improvisado: puestos de comida, tabaco y zapatillas usadas, además de chozas que crecían sobre las primeras cañas. Algunos grupos llegaron a levantar una mezquita con cartones de leche y salones de barbería al aire libre. La imagen era la de un asentamiento dispuesto a quedarse, pese a que para las administraciones solo eran cifras estimadas.
La noche previa, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones terminó de habilitar dos espacios con capacidad para 1.800 personas. Según fuentes ministeriales, la prioridad es ofrecer una alternativa a quienes aún duermen en la calle antes de meterse en el laberinto burocrático de expulsiones o asilos. La idea es clara: primero camas, después papeles.
Sin garantía de quedarse: el miedo a una trampa
Los adultos fueron separados en dos grupos: unos 1.200 subsaharianos, los más numerosos, y alrededor de 200 magrebíes, aunque la cifra siguió creciendo. El idioma y las normas de convivencia marcaron la división, pero también pesan las estadísticas: quienes llegan de países subsaharianos parten con más opciones de protección internacional que los magrebíes, según los datos que citan fuentes oficiales. Los migrantes atendieron a traductores y oenegés como Engloba y Accem, con la garantía de que no era una devolución inmediata.
Los primeros entraron en Loma Margarita, un antiguo circuito de autoescuela convertido en naves semiabiertas con literas, duchas portátiles, aseos y asistencia sanitaria. Se les hizo un registro previo antes de acceder: un paso discreto para saber cuántos son y quiénes están.
Los segundos fueron al parking del Embolsamiento, un espacio cedido por las autoridades locales para regular el tráfico hacia Marruecos. Las tiendas militares amanecieron caídas por el viento de poniente. Algunos preguntaban a la prensa si era una trampa para deportarlos, mientras desde la explanada se veía el espigón del Tarajal.
La emergencia se ha resuelto sobre la arena, pero la pregunta de fondo sigue abierta: quién se queda y quién será expulsado.
La Policía también peinó Loma Colmenar, uno de los barrios donde se ocultaban personas que buscaban recovecos para no ser censadas. No hubo incidentes: los traslados fueron voluntarios y ordenados, en grupos de una docena y custodiados entre vallas. Algunos magrebíes intentaron colarse en el espacio de los subsaharianos y fueron devueltos por los agentes: 'a este ya lo conocemos', explicaba un uniformado.
El registro servirá para concretar cuántas personas siguen en Ceuta. Las cifras bailan entre las administraciones: el Gobierno ceutí habla de unos 10.000, mientras el central reduce la estimación a la mitad. El dispositivo podría ampliarse hasta 4.000 camas, según deslizó hace unos días la portavoz del Gobierno.
Por qué este dispositivo no cierra la crisis de fondo
No es la primera vez que un dispositivo de emergencia tensa el frágil sistema de acogida de Ceuta. El CETI ha estado desbordado durante semanas, y la tarde del desalojo la playa volvió a poblarse con personas que salían de los montes cercanos o volvían a por sus pertenencias. El desalojo de la playa no equivale a una solución migratoria.
Quienes defienden la operación sostienen que era necesario devolver dignidad y orden a la vía pública tras semanas de campamento. Quienes la critican, incluida parte de la ciudadanía ceutí, creen que llega tarde y deja sin resolver si estas personas podrán quedarse o serán devueltas a sus países. De momento, los centros solo garantizan camas, comidas y atención básica.
La portavoz del Gobierno central ha asegurado que el dispositivo continuará en los próximos días a medida que se abran más recursos. La prueba de fondo será si la playa se vacía de forma estable o se repite el ciclo de desalojo y nuevo campamento en cuanto acaben las 1.800 plazas.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: El Ministerio de Inclusión ha abierto dos centros temporales en Ceuta con 1.800 plazas y ha desalojado la playa del Trampolín.
- Por qué te importa: La decisión afecta al orden público, a la gestión de la crisis migratoria en suelo español y a los derechos de las personas trasladadas.
- A quién afecta: A unas 1.400 personas trasladadas de inicio (1.200 subsaharianas y unas 200 magrebíes) y a la población ceutí.
- Hacia dónde vamos: El dispositivo seguirá en los próximos días y podría ampliarse hasta 4.000 camas; la decisión sobre expulsiones o asilo queda pendiente.



