5 deportes acuáticos que están arrasando este verano (y no necesitas ser un experto para probarlos)

El verano ha dejado de ser sinónimo de tumbona y baño para convertirse en la temporada alta de los deportes acuáticos. Cada año, las playas ven aparecer nuevas tablas, alas y artilugios que prometen sensaciones fuertes sobre el agua. La buena noticia es que la mayoría ya no exige un largo aprendizaje: la industria ha rediseñado el material para que un principiante pueda mantenerse estable desde la primera sesión, y las escuelas han adaptado sus cursos a quien solo dispone de un fin de semana. Las cinco disciplinas que reúne esta lista son la mejor prueba de esa democratización del agua.

Para elegir estas cinco disciplinas nos hemos fijado en dos criterios: que estén protagonizando un crecimiento claro en los últimos años y que ofrezcan una entrada accesible, sin necesidad de ser un experto. Todas se pueden probar con una clase introductoria, y en cuatro de ellas el primer objetivo es mantenerse en equilibrio y deslizarse; la quinta, la más sencilla, solo exige saber nadar y controlar la respiración. Hemos dejado fuera modalidades que exigen una preparación física intensa o un material caro, porque aquí lo que importa es empezar a disfrutar del agua desde el primer día.

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Paddle surf, el clásico que no deja de crecer

man and woman standing on blue surfboard during daytime

El paddle surf, o SUP (stand up paddle), consiste en remar de pie sobre una tabla ancha y estable impulsándose con una pala larga, una fórmula nacida en Hawái cuando los instructores de surf se subían a sus tablas para vigilar mejor a los alumnos. Desde entonces no ha dejado de crecer: el mercado global de tablas se estimó en unos 1.700 millones de dólares en 2024 y se prevé que alcance los 2.900 millones en 2030, con un ritmo de crecimiento anual cercano al 10%. En Europa se venden más de un millón de tablas al año y España figura entre los países con más de 200.000 practicantes activos, a los que se suman los que alquilan en cada playa. El equipamiento básico es mínimo: una tabla —cada vez más la versión hinchable, que cabe plegada en el maletero—, un remo regulable a la altura del usuario, la correa al tobillo y un chaleco, de modo que la barrera de entrada es bajísima en precio y en logística.

Su enganche reside en combinar sencillez con profundidad. En la primera hora, la mayoría de principiantes ya se mantiene de pie y rema, algo impensable en el windsurf o el kitesurf, que exigen viento y montajes complejos. Pero esa facilidad aparente esconde un ejercicio de cuerpo completo: los microajustes constantes para mantener el equilibrio activan la musculatura profunda del tronco y las piernas mientras brazos y espalda impulsan la pala, con un gasto de entre 300 y 400 calorías por hora a ritmo tranquilo, comparable a correr pero sin impacto articular. Y el SUP no se agota en el paseo: hay travesías por costa, remada sobre olas, carreras, pesca e incluso yoga sobre la tabla. A eso se suma la experiencia emocional de deslizarse de pie sobre agua plana, una perspectiva de la costa que engancha tanto por el esfuerzo como por la calma que regala.