Ni la del 15M fue la primera ni la de vivienda en Sol será la última: 32 años de acampadas de protesta en España

Del 0,7 % en la Castellana a los trabajadores de Sintel, el 15M, la plantilla de Coca-Cola, los campus por Palestina o la vivienda en Sol, España acumula tres décadas de acampadas de protesta.

La Puerta del Sol amanece este sábado con las tiendas de campaña todavía en pie. La acampada nació la noche del 26 de septiembre, al terminar la manifestación que el Sindicato de Inquilinas convocó por el desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que había vivido setenta en la misma casa.

Una semana después, los presentes asimilan lo ocurrido ayer en el Congreso, con el problema de los apoyos necesarios para la convalidación de los decretos de vivienda. "No nos vamos, nos quedamos", dijeron incluso antes de que se resolviera la votación y que, el mismo viernes, centenares de acampados marcharan hasta la Carrera de San Jerónimo, blindada por la Policía Nacional durante el pleno.

Allí continúan, ahora también con un frente institucional que se ha abierto en los tribunales. La Comunidad de Madrid exigió a la Delegación del Gobierno que desmantelara el campamento en 48 horas y la petición de Isabel Díaz Ayuso para desalojar Sol ha llegado al Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

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En cualquier caso, lo que empezó como un gesto improvisado funciona hoy como una pequeña ciudad. Las tiendas se ordenan en calles con nombres como Rosa Luxemburgo o Lucha de clases, y un grupo de voluntarios se ha encargado de cartografiar el campamento, donde no falta una avenida dedicada a Maricarmen. Había unas 600 personas acampadas la madrugada del lunes que se convirtieron en cerca de un millar la del martes, y con el paso de los días la afluencia ha ido en aumento. La asamblea ha creado comités de barrio con un objetivo declarado, que es empujar hacia una huelga general por la vivienda.

La acampada de sol por la vivienda el lunes 28 de septiembre de 2026
La acampada de sol por la vivienda el lunes 28 de septiembre de 2026 | Fuente propia

El modelo ha contagiado a otras zonas de España. Se han contabilizado acampadas activas en Galicia, Cantabria, Euskadi, Catalunya, Murcia, Andalucía, Baleares y Canarias.

Plaça Catalunya, el corazón del 15M barcelonés, reúne medio centenar de tiendas desde el martes; Málaga llegó a 70 en la plaza de la Constitución y Sevilla ronda las 40 bajo las Setas de la Encarnación. Hay campamentos en Cádiz, Palma, Las Palmas de Gran Canaria, Santiago, Santander o la plaza Arriaga de Bilbao, donde la convocatoria corrió por redes sociales sin ninguna organización detrás.

De la Castellana a Sol: las acampadas como forma de protesta

Por todo ello, es bueno echar la vista atrás y ver cómo ha evolucionado este método de protesta en España desde finales del siglo XX hasta hoy. La historia reciente de las acampadas en España empieza en 1994, en el Paseo de la Castellana. La Comisión 0,7 %, integrada por militantes de distintas organizaciones solidarias, llevaba meses de huelgas de hambre y pintadas para exigir que el Gobierno destinara esa parte del PIB a la ayuda al desarrollo, como pedía Naciones Unidas.

A la vuelta del verano decidieron instalarse en tiendas de campaña frente a los ministerios de Economía e Industria, y la iniciativa caló en decenas de ciudades. Miles de jóvenes durmieron a la intemperie durante aquel otoño y de la protesta surgió la Plataforma 0,7. El movimiento ayudó a asentar una política pública de cooperación que antes apenas existía, pero el objetivo se quedó por el camino. Dos décadas después, la ayuda oficial seguía sin llegar al 0,3% del PIB.

En 2003, la oposición a la guerra de Irak también llevó tiendas de campaña a las calles de Barcelona, aunque con mucho menos eco que aquel precedente.

Manifestación de empleados de Sintel en Madrid
Manifestación de empleados de Sintel en Madrid | Fuente: Agencias

Pero siete años después del 0,7 %, la Castellana volvió a llenarse de lonas, esta vez por un conflicto laboral. El 29 de enero de 2001, los trabajadores de Sintel, una antigua filial de Telefónica con una plantilla muy sindicalizada, montaron el Campamento de la Esperanza para denunciar las consecuencias de la privatización. Se organizaron por comunidades de origen, con turnos de cocina, intendencia y vigilancia nocturna, y sostuvieron el día a día con una caja de resistencia alimentada por ayuntamientos, comités de empresa y particulares. Asimismo, las trabajadoras y las esposas de los trabajadores se encerraron 81 días en la catedral de la Almudena.

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El campamento resistió 187 días y se levantó el 4 de agosto, tras un acuerdo que contemplaba recolocaciones, indemnizaciones y el pago de las nóminas atrasadas, según el Ayuntamiento de Rivas, que este año ha homenajeado a sus protagonistas por haberse cumplido 25 años de aquello. Hernán Hijosa, uno de los líderes de la movilización, admitió años después que el pacto firmado por el ministro Juan José Lucas nunca se cumplió del todo y lamentó que buena parte de los grandes medios ignorara la acampada hasta el día en que la desmontaron.

El 15M y las acampadas que vinieron después

El 15 de mayo de 2011, al terminar la manifestación de Democracia Real Ya, un centenar de jóvenes decidió quedarse a dormir en la Puerta del Sol. Su idea era aguantar hasta las elecciones municipales y autonómicas del día 22, pero el campamento creció, se replicó en plazas de todo el país y dio la vuelta al mundo bajo la etiqueta #acampadasol. Bajo el grito de "No nos representan", sus asambleas reclamaron listas abiertas, una circunscripción única o que los programas electorales fueran vinculantes.

Tras 28 días, la asamblea acordó levantar la acampada el 12 de junio con el lema "no nos vamos, nos expandimos", y trasladó el movimiento a las asambleas de barrios y pueblos. De aquel caldo de cultivo saldría años después Podemos. Sol había heredado, sin proponérselo, buena parte de la logística de Sintel, con comida organizada, turnos de limpieza, asambleas y reparto de tareas.

Una fotografía de las protestas del movimiento 15M en la Puerta del Sol de Madrid
Una fotografía de las protestas del movimiento 15M en la Puerta del Sol de Madrid | Fuente: Agencias

El formato regresó pronto a los conflictos laborales. Tras el ERE de Coca-Cola Iberian Partners, que afectó a 1.190 empleados y cerró cuatro plantas, los trabajadores de Fuenlabrada, conocidos como los espartanos, levantaron un campamento a las puertas de la fábrica. La Audiencia Nacional declaró nulo el despido colectivo en junio de 2014 y el Supremo confirmó después la sentencia, pero el campamento siguió en pie hasta noviembre de 2015, casi dos años después de su instalación. La empresa llegó a querellarse contra su portavoz sindical, Juan Carlos Asenjo, por coacciones y usurpación.

En Barcelona, la sentencia del procés provocó en octubre de 2019 una acampada indefinida de estudiantes en la plaza Universitat, que pedía el fin de la represión y la amnistía de los líderes independentistas. Diez días después, una asamblea tensa partió el campamento y unas 400 personas se marcharon.

En la primavera de 2024 fueron los universitarios quienes importaron las acampadas de los campus estadounidenses contra la guerra de Gaza. La primera surgió en la Universidad de Valencia el 29 de abril, la Complutense se sumó el 7 de mayo y a finales de ese mes había 24 acampadas activas en todo el país.

La nueva acampada de Sol es solo la continuación natural de aquel marco de acción del 15M y de las protestas de las últimas tres décadas, solo que renovada por una generación que tiene vedado el acceso a la vivienda y que ve en el caso de Maricarmen su propio reflejo de la realidad.