Betty Bromage, mujer de 97 años, ha vuelto a batir su récord Guinness caminando sobre las alas de un avión. Y lo mejor no es solo la hazaña: lo ha hecho para recaudar fondos contra el ictus, la enfermedad que sufrió en agosto de 2025.
Esta británica de Cheltenham no es nueva en esto. Bromage ya estableció su anterior récord en esta modalidad hace cuatro años. Desde que cumplió 87, ha realizado seis caminatas sobre las alas de un avión. Y según ha contado a la BBC, si no lo hiciera se aburriría de la vida: no puede conducir, no ve bien y se frustra un poco, así que prefiere centrarse en lo que sí puede hacer.
Wing walking: qué es y por qué es una locura (con arnés, claro)
El wing walking es una actividad acrobática extrema que consiste en desplazarse o permanecer de pie, atada con un arnés, sobre el ala superior de un avión en pleno vuelo. No es poca cosa: hablamos de vientos de más de 150 km/h y de una altura que no perdona un fallo. Por eso se usa un arnés de seguridad y un equipo con experiencia. Bromage, con 97 años, lo hace y hasta bromea con que las atracciones de feria le dan más miedo que caminar sobre el ala del avión.
El motivo solidario que hay detrás del récord
La parte solidaria es la que de verdad importa. La recaudación de esta nueva hazaña irá destinada a la unidad de accidentes cerebrovasculares del Hospital General de Cheltenham, donde la atendieron tras sufrir un derrame cerebral en agosto de 2025. Aquel ictus todavía le afecta al habla, aunque ella asegura que por lo demás se encuentra bien. Trabajó como enfermera y recuerda unas palabras que leyó en la pared de un hospital: 'Solo pasamos por este mundo una vez, cualquier bien que podamos hacer, cualquier acto de bondad que podamos demostrar, hagámoslo ahora, no lo posterguemos ni lo descuidemos, no volveremos a pasar por aquí'. Esa frase la ha llevado a convertir cada reto en una oportunidad para ayudar.
El único problema, dice Bromage, es subir al ala porque es bastante baja. Una vez arriba, no hay problema. Y si alguien piensa que este récord será el último, se equivoca: ya está pensando en algo especial para cuando cumpla 100 años. 'Tendré que pensar en algo cuando tenga 100 años, algo especial', ha dicho. La máquina de récords no tiene botón de apagado.
A sus 97 años, Betty Bromage convierte cada récord en una excusa para recaudar fondos y demostrar que el ictus no apaga las ganas de volar.
Por qué su historia engancha más que el propio récord
La mayoría de las personas de su edad no se atrevería ni a subir a una escalera, y ella va y se sube a un avión en marcha. Eso es lo que convierte la historia de Bromage en algo más que una anécdota curiosa: hay una lección sobre encontrar un propósito cuando el cuerpo dice basta. No se trata de que todos salgamos a caminar por las alas de un avión, sino de entender que los límites muchas veces están más en la cabeza que en las piernas.
🧠 Para soltarlo en la cena
La edad no frena a quien busca retos con propósito.



