Lo reconozco: yo también me paso el día encorvada en la silla y luego me pregunto por qué me cuesta hasta responder un correo. Un estudio de la Universidad McGill acaba de ponerle nombre a esa sensación: la postura al sentarse influye en el ánimo y en los riesgos que te atreves a asumir.
El experimento del globo y el dinero virtual que lo deja claro
El trabajo, publicado en la revista British Journal of Psychology, reunió a 198 participantes y los repartió al azar en dos grupos. Unos hicieron las pruebas con una postura erguida gracias a un soporte alto para la tablet. Otros acabaron encorvados porque la mesa estaba tan baja que se les quedaba a la altura de las rodillas.
La prueba se disfrazó de evaluación de una aplicación móvil. Delante tenían un globo virtual que podían inflar para conseguir dinero ficticio. Podían seguir hinchando y arriesgarse a que reventara, o parar y quedarse con lo acumulado. Si explotaba, se quedaban sin recompensa.
Aquí aparece el dato jugoso. Las personas erguidas asumieron más riesgos y tendieron a obtener mayores recompensas. Y la clave no es que fueran unas temerarias: según Jorge Armony, autor principal del estudio y profesor de los departamentos de Psiquiatría y Psicología de McGill, asumían riesgos de forma más eficaz, no más impulsiva.
No se quedó todo en el globo. En un cuestionario posterior, el grupo de la espalda recta informó de sentimientos de orgullo significativamente mayores, un marcador típico del estado de ánimo positivo. Vamos, que el cuerpo no solo influye en lo que haces, también en cómo te sientes.
El cuerpo le manda señales al cerebro antes de que tú te des cuenta de que te has encorvado.
Por qué este estudio se toma en serio la crítica a la postura de poder
Los investigadores no se limitaron a pedir a nadie que se pusiera recto. Manipularon la altura de la mesa y de la tablet para forzar una postura sin que los participantes lo supieran. Después de la prueba, la mayoría admitió que no tenía ni idea de que su postura estaba manipulada.
Además, midieron el ángulo del cuello con un software de vídeo para confirmar que cada grupo cumplía su papel. Este detalle técnico importa: en muchos estudios anteriores sobre la postura de poder nadie comprobaba si los voluntarios se sentaban realmente derechos o encorvados.
Lo que me gusta de este estudio es que no habla de postureo motivacional de manual. No te pide que te pongas como un superhéroe para pedir un aumento. Habla de microajustes cotidianos: una mesa a buena altura, una pantalla a la altura de los ojos, una silla que no te hunda.
No, enderezar la espalda no te cambia la vida (pero algo hace)
Que nadie empiece a vender humo con esto. Los efectos fueron modestos, se observaron en un laboratorio y el propio Jorge Armony avisa de que cambiar de postura no transforma drásticamente la vida de nadie.
Aun así, la idea es muy de andar por casa: si la altura de una mesa puede influir sutilmente en tu ánimo y en tu tolerancia al riesgo, quizá la ergonomía del teletrabajo merece más atención que el color de la funda del portátil. No convierte un lunes en viernes, pero puede que te empuje a contestar ese email que llevas días evitando.
🧠 Para soltarlo en la cena
Sentarse erguido puede empujarte a asumir riesgos con mejor ánimo.




