Rosita Rochina tiene 95 años, una pensión de unos mil euros y más de 56.000 personas a su espalda. Y no, no es una influencer de TikTok ni una abuela que se ha vuelto viral bailando. Es una paciente de larga estancia que ha descubierto que pedir lo justo todavía funciona —si lo haces con un formulario de Change.org y mucha paciencia.
Lleva casi cuatro meses ingresada por problemas circulatorios en un hospital catalán. Cada semana paga 25 euros para tener televisión en la habitación. Echando cuentas, ya se ha dejado unos 350 euros. 'Mi hijo viene todos los días, hablas con los familiares de al lado… pero lo que más distrae es la tele', explica a Infobae. Y remata con una frase que te encoge el estómago: 'Pienso mucho en la gente que está sola y pasa horas y horas sin ver a nadie.
Cuatro meses enchufada a la tele (y a la cartera)
El servicio de televisión en los hospitales públicos es un batiburrillo autonómico. En Castilla-La Mancha o la Comunidad Valenciana es gratis. En Cataluña, Madrid, Murcia, Canarias o Castilla y León, generalmente se paga. Rosita, que empezó a coser a los 14 años y luego se dedicó al comercio, no entiende por qué su entretenimiento depende del código postal. Divide gastos con su compañera de habitación, pero sabe que hay pacientes que no pueden permitirse ni eso.
Su pensión ronda los 1.000 euros. 'Ya veremos cómo tengo yo la libreta cuando salga de aquí', bromea. El humor no le falta, pero la indignación tampoco. Porque la tele no es un capricho: es compañía, es ruido de fondo que calma, es la única ventana al mundo cuando la ventana real da a un patio interior.
El precedente del Mundial que solo duró 90 minutos
La campaña de Rosita no nace de la nada. Durante la final del Mundial de fútbol, otra petición en Change.org —impulsada por la hija de un paciente— consiguió que la Comunidad de Madrid abriera la señal gratuita en todos los hospitales públicos ese día. Una excepción de 90 minutos. Rosita lo dice claro: 'Eso no es suficiente'. Quiere el servicio permanente para todos, sin parches.
Y tiene argumentos de sobra: 'He tenido compañeras de habitación que querían la tele puesta día y noche porque la voz de fondo les daba tranquilidad'. Ese runrún de un partido, una misa o una película del oeste es un ansiolítico barato que el sistema se ahorra. Pero lo cobra a quien menos tiene.
Gastar 25 euros a la semana por tener la tele encendida en un hospital es el impuesto involuntario a la soledad.
Una abuela que entiende internet mejor que muchos ministerios
La recogida de firmas ha superado las 56.000 en pocos días. 'Estoy contenta porque son un montón y las hemos conseguido rápido', dice sin aspavientos. A sus 95 años, ha tirado de Change.org con la misma naturalidad con la que antes enhebraba una aguja. No es la primera mayor que da lecciones de activismo digital, pero sí una de las más contundentes.
El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas tienen ahora una papeleta incómoda: una jubilada les ha puesto un espejo donde se refleja la desigualdad entre territorios. Y encima con cifras. Porque 56.000 firmas no son viralidad vacía; son 56.000 personas que probablemente han pasado por una sala de espera o una habitación de hospital y saben de qué va la cosa.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Una mujer de 95 años ha lanzado una petición para que la tele sea gratis en todos los hospitales públicos.
- 🔥 ¿Por qué importa? Porque el servicio es de pago en muchas comunidades y supone un gasto extra para pacientes con pensiones bajas.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Si algún día pisas un hospital, querrás que el mando a distancia no te cueste 25 euros a la semana.



