Con el calor que está cayendo este verano, cualquier truco para que la factura de la luz no se dispare es oro puro. Y hay uno que no necesita enchufes ni instalaciones complicadas: poner un toldo. Me lo ha contado Jorge Morales de Labra, ingeniero industrial y director de Próxima Energía, y tiene toda la lógica del mundo.
Cuando el sol le da de lleno a una habitación durante horas, la temperatura interior se dispara. Es como si tuvieras un horno gratuito funcionando sin parar. Pero si consigues frenar esa radiación solar antes de que entre, el aire acondicionado tiene que trabajar mucho menos. Y eso, traducido a euros, es un ahorro directo.
Por qué un simple toldo te puede ahorrar un dineral en luz
Morales fue claro: «Cuando tenemos una habitación a la que le está dando el sol todo el día o toda la tarde, hay que intentar poner un toldo». No es un capricho estético. Es física básica. La radiación solar que atraviesa el vidrio calienta paredes, suelos y muebles, que luego irradian calor. Si pones una barrera exterior, reduces la carga térmica y mantienes la casa fresca sin gastar un céntimo en electricidad.
El ingeniero insiste: es «ahorro directo y muy sencillo». Vamos, que el toldo se paga solo con lo que dejas de pagar de luz. Y no hablamos de calderilla. Tener el aire encendido ocho horas puede costar más de 10 euros al día. Así que cualquier cosa que recorte ese tiempo es un alivio para el bolsillo.
Si consigues que el sol no entre de lleno, el aire acondicionado trabaja la mitad y tu factura lo nota.
Más aliados contra el calor: persianas, ventilación y un buen aislamiento
El toldo es el primer escudo, pero no el único. Morales recuerda que bajar las persianas en las horas de más calor es casi tan importante. También ventilar a primera hora de la mañana, cuando el aire exterior aún está fresco. Con cinco o diez minutos basta para renovar el aire sin perder el frescor acumulado. Este gesto, aunque parezca insignificante, ayuda a mantener la casa fresca sin gastar un euro. Y ojo, que el aislamiento de la casa importa, y mucho. Una vivienda con certificación energética A o B puede consumir hasta cuatro veces menos que una de clase F o G. Es decir, que antes de pedirle al aparato que haga milagros, hay un montón de gestos que dejan el interior más llevadero.
El detalle que menos se piensa: si las ventanas, los muros o el tejado dejan pasar el calor, el aire acondicionado trabajará a destajo. Por eso, cuando busques casa nueva o de alquiler, fíjate en la calificación energética. Esa letra pequeña de la factura de la luz empieza a escribirse mucho antes de enchufar nada.
La temperatura ideal del aire acondicionado (y lo que cuesta cada grado de más)
Llega la ola de calor y acabas encendiéndolo, claro. Pero no hace falta ponerlo a 19 °C. El ingeniero recomienda mantenerlo en torno a los 23 °C. Por cada grado que bajas, la factura sube un 7 %. Así que si lo pones a 18 °C, cinco grados menos, estarías pagando un 35 % más. Es un dato que te hace replantearte lo de dormir con el mando a tope.
Morales lo resume con una frase tan gráfica como cierta: «No enfriemos los muebles». Si no hay nadie en casa, no tiene sentido tener la vivienda climatizada todo el día. Úsalo cuando estés, y apágalo cuando te vayas. Tan sencillo como eso.
🧠 Para soltarlo en la cena
Un toldo y las persianas bajadas pueden recortar de verdad la factura de la luz.



