6 cenas fáciles con espinacas para salir del bucle entre semana (rápidas y baratas)

Desde ensaladas templadas hasta croquetas cremosas: estas seis propuestas demuestran que las espinacas son mucho más que una guarnición. Cenas en menos de media hora, sin ingredientes raros ni un euro extra.

Reconozcámoslo: pensar la cena un martes a las ocho de la tarde da más pereza que doblar calcetines. Y si encima la nevera solo tiene una bolsa de espinacas mustias que compramos con buena intención, la tentación de pedir pizza es real. Pero las espinacas no son solo para cremas tristes: con un par de trucos, se convierten en la base de cenas rápidas, baratas y nada aburridas. Aquí van seis ideas (de menos a más elaboración) que te salvan cualquier entre semana.

Las que están listas en 10 minutos (y sin sudar)

Empezamos con dos clásicos que ni siquiera necesitan encender el horno. La primera es una ensalada templada con fruta y queso: solo necesitas brotes tiernos de espinacas (la bolsa de 150 g de Hacendado vale 1,20 €), peras o fresas en láminas y un queso con personalidad, como feta o rulo de cabra. La clave está en la vinagreta: mezcla vinagre de manzana, un chorro de aceite de oliva y media cucharadita de miel. Queda fresca, llena y en cinco minutos tienes cena.

La segunda es una tortilla con setas y espinacas. Saltea primero las setas y las espinacas frescas (o congeladas, que también van de lujo) hasta que pierdan toda el agua. Luego echas los huevos batidos y dejas que cuaje a fuego medio. El resultado es jugoso por dentro y firme por fuera; para mojar pan y olvidarte de la pereza.

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Un apunte: si usas espinacas congeladas de las baratas, escúrrelas bien después de cocinarlas o la tortilla quedará aguada.

Un paso más (pero sigues sin ser Arguiñano)

Aquí las recetas piden un hervor o un golpe de horno, pero nada que te quite más de 25 minutos. La menestra de legumbres es un auténtico chute para días de cansancio total. Sofríes un ajo picado, añades una cucharada de pimentón dulce y luego un bote de garbanzos cocidos (con su caldo). Cuando rompa a hervir, echas las espinacas frescas, tapas y apagas el fuego. El calor residual las cocina sin pasarse. Sirve en cuenco, con pan tostado, y duermes como un bebé.

Los crepes salados de espinacas y ricota gustan hasta a los niños. Haces la masa en la batidora con harina, leche y huevo; relleno: espinacas cocidas y bien escurridas, mezcladas con queso ricota o requesón del DIA (1,50 €). Cuajas los crepes finitos, rellenas y doblas en triángulo. Quedan tan vistosos que parece que has cocinado dos horas.

Y si buscas algo más ligero, el pescado blanco al horno es un sí rotundo. Pones una cama de espinacas frescas y tomatitos cherry partidos en una bandeja, encima unos lomos de merluza sazonados y al horno 15 minutos a 200°C. El jugo del pescado y del tomate hidrata las hojas y se forma una salsa ligera que no te crees.

Las espinacas congeladas, bien escurridas, son el comodín para no caer en el delivery.

El capricho que merece la pena: croquetas de espinacas y queso

Vale, estas llevan tiempo, pero el resultado es una locura. Preparas una bechamel bien espesa, añades las espinacas muy picadas (puedes congelarlas y rallarlas directamente) y un queso que funda bien, tipo gorgonzola o manchego curado. Dejas enfriar la masa al menos doce horas en la nevera —puedes hacerlo la mañana del día anterior— y luego das forma a las croquetas, las pasas por huevo y pan rallado y las fríes en aceite bien caliente. Doradas, cremosas y absolutamente adictivas. Si haces cantidad, las congelas crudas y las tienes listas para cualquier noche de antojo.

En serio, con una bolsa de espinacas y cuatro ingredientes más puedes montar una cena que no parece de martes cualquiera. Y lo mejor es que casi todas estas recetas admiten espinacas congeladas, así que no dependes de que la nevera esté a punto. Pruébalas y luego me cuentas.

💡 El truco del almendruco

Las seis cenas se mueven entre los 5 y los 30 minutos. Nivel de dificultad: fácil incluso si lo tuyo no es cocinar. El secreto: ten siempre a mano espinacas congeladas (valen cualquier marca blanca) para improvisar sin estrés.

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