5 multas de la DGT que te llegan por sorpresa tras las vacaciones y casi nadie conoce

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Las vacaciones dejan recuerdos, fotos y, a veces, una carta de la DGT que arruina la vuelta a la rutina. No hablamos de excesos de velocidad ni de alcohol, sino de infracciones silenciosas que se cometen sin ser conscientes: en un túnel, en un camino rural o incluso en el asiento trasero del coche. Muchos conductores descubren la sanción semanas después, al revisar el correo tras unos días de descanso, porque ninguna de estas faltas requiere que un agente te pare en ese momento; la multa llega por correo. La lista que sigue reúne cinco casos reales, más habituales de lo que parece. Conocerlos puede ahorrarte un susto.

El criterio de esta selección es claro: todas son infracciones que se cometen sin darse cuenta, por inercia o por desconocimiento de la norma, y que no siempre se denuncian en el momento. Forman parte del Reglamento General de Circulación, pero rara vez aparecen en los cursos de conducción o en las campañas de la DGT. Además, en casi todos los casos la sanción económica ronda los 200 euros, y algunas incluyen pérdida de puntos. Esta lista no busca asustar, sino recordar que la seguridad vial se juega en los pequeños gestos que parecen inofensivos. Prevenir es más fácil que recurrir.

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Multa por llevar objetos sueltos en el coche: la nevera o el flotador que te pueden salir caros

Las bacas portaequipajes: una solución con riesgos

Que la nevera viaje en el asiento trasero, junto al flotador y las chanclas, es la estampa clásica de la vuelta de vacaciones. La DGT la tiene en el punto de mira por el conocido como 'efecto elefante': la inercia multiplica por cincuenta el peso de cualquier objeto suelto cuando se produce un frenazo brusco o una colisión a 50 km/h. Un teléfono móvil de 200 gramos golpea entonces con la fuerza de casi cuatro kilos, y un bolso de cuatro kilos se convierte en un proyectil de 158. A 90 km/h, esa misma carga impacta con más de 500 kilos de fuerza, suficiente para arrancar la cabeza a un ocupante o atravesar la luna delantera. Lo que parece un detalle inocente —un refresco, un juguete, una toalla— deja de serlo en décimas de segundo, y por eso la Guardia Civil recomienda abrochar también los cinturones traseros aunque no viaje nadie: crean una barrera que contiene los objetos del maletero si estos rompen los anclajes tras un impacto.

El artículo 14 del Reglamento General de Circulación obliga a disponer la carga de forma que no pueda arrastrarse, caer o desplazarse de manera peligrosa, y viajar con objetos sueltos en el habitáculo se sanciona como infracción grave con 200 euros, que quedan en 100 si se abonan en periodo voluntario. La sorpresa llega cuando el agente considera que la mala colocación supone un peligro grave para los demás usuarios de la vía: la multa asciende entonces a 500 euros y a la retirada de cuatro puntos del carné. En plena operación retorno, los controles se multiplican y los agentes revisan qué viaja fuera del maletero: bolsos en el asiento del copiloto, mochilas sin fijar, neveras portátiles y todo lo que pueda convertirse en un proyectil. Colocar lo más pesado en el fondo del maletero, sujetar el resto con redes o cintas homologadas y no dejar nada suelto es lo que evita el susto económico.