Las vacaciones dejan recuerdos, fotos y, a veces, una carta de la DGT que arruina la vuelta a la rutina. No hablamos de excesos de velocidad ni de alcohol, sino de infracciones silenciosas que se cometen sin ser conscientes: en un túnel, en un camino rural o incluso en el asiento trasero del coche. Muchos conductores descubren la sanción semanas después, al revisar el correo tras unos días de descanso, porque ninguna de estas faltas requiere que un agente te pare en ese momento; la multa llega por correo. La lista que sigue reúne cinco casos reales, más habituales de lo que parece. Conocerlos puede ahorrarte un susto.
El criterio de esta selección es claro: todas son infracciones que se cometen sin darse cuenta, por inercia o por desconocimiento de la norma, y que no siempre se denuncian en el momento. Forman parte del Reglamento General de Circulación, pero rara vez aparecen en los cursos de conducción o en las campañas de la DGT. Además, en casi todos los casos la sanción económica ronda los 200 euros, y algunas incluyen pérdida de puntos. Esta lista no busca asustar, sino recordar que la seguridad vial se juega en los pequeños gestos que parecen inofensivos. Prevenir es más fácil que recurrir.
3Un solo auricular mientras conduces: una multa de 200 euros por una llamada
Que el otro oído quede libre no convierte el auricular en legal: es justo el error que explica que esta multa sorprenda a tantos conductores. El artículo 18.2 del Reglamento General de Circulación (infracción 18.2.5A) prohíbe conducir cualquier vehículo con cascos o auriculares conectados a aparatos receptores o reproductores de sonido, y la DGT ha aclarado en repetidas ocasiones que la sanción se aplica aunque se lleve uno solo, como el AirPod que muchos usan para atender una llamada en la vuelta de vacaciones. La multa asciende a 200 euros y resta 3 puntos del carné, con el descuento habitual del 50% (100 euros) si se abona en los 20 días siguientes a la notificación. El matiz que despista a muchos: la excepción del "manos libres" que recoge la norma se refiere a sistemas que no exigen manos ni auriculares, como el equipo de sonido del propio coche, no a un pinganillo en el oído.
Lo que hace especialmente insidioso a este precepto es que se aplica a cualquier vehículo —coche, moto, bicicleta o patinete— y que los agentes lo persiguen de forma activa en los controles, no solo en los operativos especiales de la DGT. El fundamento es auditivo: con un oído tapado se pierde capacidad para percibir cláxones, sirenas de emergencia o el ruido ambiental, un déficit que la norma considera grave aunque la conversación sea breve. Los datos demuestran que no es una advertencia teórica: en la campaña de distracciones de septiembre de 2022 fueron denunciados 337 conductores por usar cascos o auriculares, y en la de octubre de 2025 la cifra ascendió a 351. En Canarias, la asociación AEA contabilizó 903 sanciones por auriculares en 2024, un 5,12% más que el año anterior. En la vuelta de vacaciones, con el tráfico denso y los controles de la Guardia Civil de Tráfico desplegados en las carreteras, es una de las infracciones que más fácilmente se cobra por sorpresa.
