Las vacaciones dejan recuerdos, fotos y, a veces, una carta de la DGT que arruina la vuelta a la rutina. No hablamos de excesos de velocidad ni de alcohol, sino de infracciones silenciosas que se cometen sin ser conscientes: en un túnel, en un camino rural o incluso en el asiento trasero del coche. Muchos conductores descubren la sanción semanas después, al revisar el correo tras unos días de descanso, porque ninguna de estas faltas requiere que un agente te pare en ese momento; la multa llega por correo. La lista que sigue reúne cinco casos reales, más habituales de lo que parece. Conocerlos puede ahorrarte un susto.
El criterio de esta selección es claro: todas son infracciones que se cometen sin darse cuenta, por inercia o por desconocimiento de la norma, y que no siempre se denuncian en el momento. Forman parte del Reglamento General de Circulación, pero rara vez aparecen en los cursos de conducción o en las campañas de la DGT. Además, en casi todos los casos la sanción económica ronda los 200 euros, y algunas incluyen pérdida de puntos. Esta lista no busca asustar, sino recordar que la seguridad vial se juega en los pequeños gestos que parecen inofensivos. Prevenir es más fácil que recurrir.
1El radar de distancia en túneles: la multa que llega sin que notes que la cometiste
El Reglamento General de Circulación obliga a mantener al menos 100 metros de separación con el vehículo que precede dentro de un túnel en el que no se pueda adelantar, y 150 metros (o un intervalo de seis segundos) si se trata de un vehículo de más de 3.500 kilos. Incumplirlo es una infracción grave castigada con 200 euros, que se quedan en 100 con pronto pago. La norma existe desde hace años, pero sigue siendo una gran desconocida: un observatorio de la DGT con cerca de 35.000 vehículos en los túneles del Garraf, Vallvidrera y Guadarrama comprobó que el 46,7% de los turismos y el 9,5% de los pesados no respetaban esa distancia mínima. Circular pegado al coche de delante no se percibe como una infracción, y de ahí que el aviso acabe llegando por sorpresa.
Lo que hace especialmente traicionero a este control es que no parece un radar: no mide velocidad ni lanza un destello. Son cámaras instaladas a menudo en pórticos que ya existen en el túnel, que calculan la separación entre vehículos con sensores capaces de trabajar también de noche. Sin señal visible, el conductor no advierte que ha sido grabado y descubre la sanción semanas después, al revisar el correo en la vuelta de vacaciones. El dispositivo responde a una lógica de seguridad clara: en un túnel, un alcance trasero agrava sus consecuencias porque la evacuación y la actuación de los servicios de emergencia resultan mucho más complejas que a cielo abierto. Y la regla de los dos segundos, la más interiorizada entre los conductores, no vale dentro de un túnel: allí la ley exige esa distancia fija de 100 metros.
