Las Palmas de Gran Canaria vivió ayer una de esas mañanas que quedarán en la memoria colectiva. En el corazón de Vegueta, con los primeros rayos de sol acariciando la catedral, cientos de personas desnudas y pintadas se convirtieron en una instalación artística viva. El fotógrafo estadounidense Spencer Tunick, conocido por sus multitudinarias composiciones de cuerpos al natural, volvió a hacer de la isla un escenario único para su arte efímero.
Una madrugada de pintura y desnudez en Vegueta
La acción comenzó mucho antes de que saliera el sol. Tal y como relataron los participantes, a las cuatro de la madrugada ya estaban en pie, eligiendo ropa vieja que no les importara manchar y preparándose para cubrir cada centímetro de su cuerpo con pigmentos de distintos colores. El barrio histórico se llenó de un silencio expectante, solo roto por el roce de los pies descalzos sobre los adoquines centenarios.
Poco a poco, aquellos cuerpos anónimos se fueron agrupando en puntos estratégicos, formando un mosaico humano que mezclaba la vulnerabilidad de la desnudez con la potencia del color. Spencer Tunick dirigió cada movimiento con su habitual calma, buscando la imagen perfecta entre las calles estrechas y la arquitectura colonial.
El resultado fue una coreografía silenciosa: cientos de voluntarios abrazando el espacio público y ofreciendo su piel como materia prima artística. Un acto de generosidad que, lejos del morbo, se convirtió en un homenaje a la diversidad del cuerpo y a la belleza de lo efímero.
Spencer Tunick, el fotógrafo que viste la desnudez con color

Si hay un nombre que asociamos inmediatamente a las fotografías de multitudes desnudas, ese es el de Spencer Tunick. Desde los años noventa, este artista neoyorquino ha recorrido el planeta convenciendo a miles de personas de que se quiten la ropa para crear instalaciones humanas en lugares icónicos: del glaciar Aletsch a la Ópera de Sídney, pasando por México o Sudáfrica.
El arte de Tunick nos demuestra que la belleza más impactante nace de lo esencial: un cuerpo, un color y una calle compartida.
Su método es tan sencillo como radical: convoca a voluntarios a través de redes sociales y, en una acción cuidadosamente orquestada, los sitúa en el paisaje para disparar su cámara justo cuando la luz y la composición alcanzan el clímax. Como él mismo explica en su web oficial, “el cuerpo es el material más honesto que existe”.
En Las Palmas, sin embargo, Tunick añadió un elemento extra: la pintura corporal. Aquí no bastaba con la piel desnuda; los participantes se cubrieron de tonos vibrantes que dialogaban con la arquitectura clara del barrio. El color transformó la desnudez en algo aún más lúdico y accesible, alejándola de cualquier carga erótica y subrayando el carácter puramente estético de la propuesta.
El artista, que ya había trabajado en Canarias en 2009 (en aquella ocasión en el Jardín Botánico de Tenerife), regresa ahora a las islas con esta intervención que refuerza su relación con el paisaje español.
El cuerpo colectivo como manifiesto artístico y social
Las acciones de Tunick siempre desatan debates interesantes sobre los límites del arte contemporáneo. Sin embargo, más allá de la polémica fácil, lo que propone es una reflexión profunda sobre la identidad, la comunidad y la ocupación del espacio público. En un mundo hiperconectado pero fragmentado, reunir a personas de todas las edades y condiciones para crear juntos una imagen única es en sí mismo un acto de resistencia poética.
Además, la elección de la pintura corporal añade una capa lúdica y desinhibidora. El color convierte al individuo en pincelada, difuminando las diferencias y potenciando la idea de que todos formamos parte de un mismo lienzo. En Vegueta, el amarillo, el azul y el rosa dialogaron con las fachadas blancas y la piedra volcánica, creando una paleta inesperada que remite tanto al arte pop como a la tradición festiva de la isla.
La experiencia, por efímera que sea, deja una huella en quienes participan y en quienes la contemplan. Porque lo que queda no es solo la fotografía, sino la certeza de que el arte puede suceder en cualquier parte y a cualquier hora, siempre que haya voluntad de juego y de encuentro.
Esta acción en Canarias, además, subraya la creciente conexión del archipiélago con las vanguardias internacionales, algo que instituciones como el Centro Atlántico de Arte Moderno llevan tiempo impulsando.
La imagen que dará la vuelta al planeta
La instalación humana ya se ha desvanecido, pero el trabajo de Spencer Tunick no termina con el amanecer. En las próximas semanas, el artista seleccionará la fotografía definitiva entre las decenas de tomas realizadas y la compartirá en sus canales oficiales. Esa imagen viajará a galerías y museos de medio mundo, como ha ocurrido con sus obras anteriores.
Para quienes no pudieron estar en Vegueta, seguir las redes sociales del fotógrafo o visitar su web oficial será la manera de no perderse el resultado final de esta experiencia colectiva que, por un día, convirtió Las Palmas en el epicentro del arte participativo.
Ficha técnica
- Título: Acción en Vegueta (sin título oficial), 27 de julio de 2026
- Autor: Spencer Tunick
- Qué puedes ver: Fotografía de la instalación con cientos de voluntarios desnudos y pintados en el casco histórico de Las Palmas (fecha de publicación pendiente).
- Recinto y ciudad: Barrio de Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria



