Hay un pueblo en Guadalajara que ha encontrado la fórmula perfecta contra el calor de julio: esperar a que se ponga el sol. Sigüenza, a poco más de una hora de Madrid, vive estos días una transformación que convierte sus calles empedradas en un decorado del siglo XIV, con antorchas, cetrería y espectáculos que se alargan hasta bien entrada la noche.
No es casualidad que el plan funcione tan bien en verano. Situada a 1.000 metros de altitud, la ciudad se libra de los peores sofocos castellanos, y cuando cae el sol sobre su casco histórico, el descenso térmico invita a pasear sin agobios por callejuelas que llevan siglos esperando a ser recorridas así.
El pueblo que se transforma en escenario cada julio
Cada segundo fin de semana de julio, Sigüenza celebra sus Jornadas Medievales, un evento declarado Fiesta de Interés Turístico Regional que convierte el casco histórico en un escenario vivo. Este año, la cita ha sido del 10 al 12 de julio, y durante esas noches, la Plaza Mayor, la Catedral y el propio castillo dejan de ser solo patrimonio para narrar un episodio muy concreto de la historia de Castilla.
El programa incluye recreaciones históricas, teatro de calle, exhibiciones de cetrería y combates, pero son los espectáculos nocturnos los que marcan el pulso de la fiesta. Con las temperaturas ya suavizadas, miles de visitantes recorren las Travesañas —el antiguo barrio medieval— iluminadas por antorchas, mientras juglares y pasacalles reconstruyen el ambiente del siglo XIV.
El castillo que fue prisión de una reina
El gran protagonista de todo este relato es el castillo de Sigüenza, una fortaleza del siglo XII construida sobre una antigua alcazaba árabe que hoy funciona como Parador Nacional. Sus muros guardan una de las historias más dramáticas de la Castilla medieval: entre 1355 y 1359, el castillo fue la prisión de Blanca de Borbón, la reina francesa repudiada por Pedro I de Castilla apenas días después de su boda.
Las Jornadas Medievales recrean precisamente ese cautiverio, con la presentación de los personajes en la Plaza Mayor y un desfile que culmina en el propio castillo, donde tiene lugar el "manifiesto de la reina" y la bienvenida oficial a la fiesta. El asalto al castillo por los caballeros fieles a Blanca es uno de los momentos más esperados del fin de semana.
Cómo se vive el pueblo cuando anochece
Fuera de las fechas de las Jornadas, Sigüenza sigue siendo un destino que premia a quien la visita al caer la tarde. El Parador, recién reformado, permite recorrer libremente su patio empedrado y sus zonas comunes, y desde sus murallas las vistas sobre la ciudad y la catedral se vuelven especialmente llamativas con la última luz del día.
Las empresas locales de turismo ofrecen además tours nocturnos por el casco histórico, una alternativa para quienes buscan algo más tranquilo que la efervescencia de las Jornadas Medievales pero igual de atmosférico. Recorrer la Calle Mayor hasta el castillo con los faroles ya encendidos es, según quienes lo han hecho, una experiencia bien distinta a visitarlo de día.
Qué ver además del castillo
El casco histórico de Sigüenza, declarado Conjunto Histórico-Artístico, guarda otros rincones que merecen su propio hueco en la ruta nocturna, con la ventaja añadida de que casi todos están a pocos minutos a pie unos de otros:
- La Catedral de Santa María, con la célebre escultura del Doncel y su interior gótico-románico.
- La Casa del Doncel, con su arco mudéjar policromado recuperado tras años oculto.
- La iglesia románica de San Vicente, uno de los templos más antiguos de la ciudad.
- La Plaza Mayor renacentista, punto de encuentro y arranque de buena parte de las rutas guiadas.
Cada uno de estos puntos cobra un aire distinto cuando la luz artificial sustituye al sol de julio, y explican por qué Sigüenza figura entre los pueblos más visitados del interior peninsular en esta época del año.
Un modelo que otros pueblos empiezan a copiar
La fórmula de Sigüenza —aprovechar el patrimonio para programar actividad nocturna en pleno verano— no es un caso aislado. Otros paradores españoles, como el de Guadalupe, han institucionalizado ya visitas teatralizadas nocturnas guiadas por personajes históricos, y varios municipios del interior estudian fórmulas similares ante el aumento de las temperaturas diurnas en julio y agosto.
Es una tendencia con sentido: mientras el mediodía se vuelve cada vez menos amable para el turismo cultural, la noche gana terreno como el momento idóneo para descubrir castillos, catedrales y cascos históricos sin renunciar a la comodidad. Si se planea una visita a Sigüenza este verano, la recomendación de quienes ya conocen el pueblo es sencilla: reservar alojamiento con antelación, porque la afluencia en fechas como estas se dispara, y guardar el paseo por el castillo y las Travesañas para después de la puesta de sol.






