El Sidrón es, desde hace más de dos décadas, uno de los yacimientos que más está cambiando la imagen que tenemos de los neandertales. En esta cueva asturiana, un equipo de investigadores ha demostrado algo que parecía impensable: estos homínidos sabían qué plantas aliviaban el dolor y las usaban de forma consciente, mucho antes de que existiera cualquier farmacia.
El hallazgo no es una hipótesis suelta. Se apoya en el análisis del sarro dental de varios individuos hallados en esta cueva de Piloña, donde los científicos detectaron restos moleculares de plantas medicinales conservados durante 49.000 años. Un dato que obliga a repensar cuánto sabían realmente sobre su propio cuerpo.
El Sidrón, la cueva que reescribió la historia de los neandertales
Descubierta por casualidad en 1994 por un grupo de espeleólogos gijoneses, la cueva estuvo a punto de pasar a la historia por otro motivo: al principio se pensó que los restos hallados pertenecían a víctimas de la Guerra Civil. Los análisis posteriores demostraron que en realidad se trataba de neandertales de unos 49.000 años de antigüedad, con una conservación excepcional que ha permitido estudios imposibles en otros yacimientos.
Desde entonces, un equipo liderado por investigadores del CSIC ha ido documentando aspectos de su vida cotidiana que nadie esperaba: desde su lateralidad manual hasta su dieta, pasando por el uso de la boca como herramienta de trabajo. Pero fue el análisis dental el que dio con la pieza que faltaba.
Qué comían (y qué se tomaban) los neandertales de Asturias
El Sidrón ha aportado pruebas de una dieta muy distinta a la que se imaginaba hace unos años. Nada de ser exclusivamente carnívoros: los análisis muestran una alimentación con setas, piñones, musgo y corteza de árbol, además de plantas cocinadas. Es la prueba de que el Neandertal ibérico tenía un conocimiento profundo de su entorno vegetal.
Pero el dato que más ha sorprendido a la comunidad científica llegó del sarro conservado en los dientes de uno de los individuos, que sufría un absceso doloroso. Ese sarro contenía restos de álamo, un árbol cuya corteza posee ácido salicílico, el mismo principio activo de la aspirina moderna.
Cómo se descubrió: la ciencia detrás del hallazgo
El procedimiento no tiene nada de intuitivo. Los investigadores analizaron el ADN atrapado en la placa dental fosilizada, una técnica relativamente reciente que permite reconstruir qué comió, respiró o incluso qué enfermedades padeció una persona hace decenas de miles de años. La placa dental actúa como una cápsula del tiempo microscópica.
En el mismo individuo se identificó también ADN del hongo Penicillium, con propiedades antibióticas naturales, y de un patógeno intestinal que le provocaba fuertes molestias digestivas. La combinación de ambos datos llevó a los científicos a una conclusión clara: aquel neandertal se estaba automedicando para dos dolencias distintas al mismo tiempo.
Lo que este hallazgo dice sobre su inteligencia
Durante décadas, el neandertal fue sinónimo de torpeza y brutalidad en el imaginario popular. Cada nuevo estudio procedente de yacimientos como El Sidrón desmonta un poco más ese cliché. Saber identificar una planta con efecto analgésico o antiinflamatorio, distinguirla de otras parecidas y aplicarla de forma repetida no es casualidad: requiere observación, memoria y transmisión de conocimiento entre generaciones.
Este patrón no es exclusivo de Asturias. Otros yacimientos europeos han arrojado pistas similares sobre las capacidades cognitivas de esta especie, reforzando la idea de que su inteligencia era comparable a la nuestra, solo que aplicada a un entorno mucho más hostil.
- Conocimiento botánico: distinguían plantas comestibles de las medicinales.
- Automedicación deliberada: usaban compuestos con efecto analgésico ante infecciones.
- Transmisión cultural: estas prácticas se repiten entre distintos individuos del grupo.
- Adaptación al entorno: explotaban recursos vegetales y fúngicos de forma sofisticada.
Qué queda por descubrir en El Sidrón
La cueva sigue dando trabajo a los investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y cada campaña añade matices nuevos a la historia de este grupo familiar. El objetivo ahora es afinar qué otras plantas se usaban y si existían tratamientos distintos según el tipo de dolencia, algo que abriría una ventana única a su medicina prehistórica.
Lo cierto es que la arqueología molecular no ha hecho más que empezar a explotar este tipo de yacimientos. Con nuevas técnicas de secuenciación cada vez más precisas, es razonable pensar que en los próximos años sabremos bastante más sobre cómo cuidaban de los suyos estos primeros habitantes de la península ibérica.





