La última encuesta del CIS sobre calidad democrática deja un suspenso casi generalizado: solo las Fuerzas Armadas aprueban con un 6,96 y los partidos políticos se quedan con un 2,92, la nota más baja entre todas las instituciones.
Las Fuerzas Armadas, las únicas que aprueban (y por goleada)
El cuarto barómetro de calidad democrática, realizado con 4.027 entrevistas entre el 9 y el 12 de junio, revela que ninguna institución alcanza el aprobado, salvo las Fuerzas Armadas con un 6,96, según el Centro de Investigaciones Sociológicas. Los gobiernos autonómicos obtienen un 4,76, los tribunales de justicia un 4,74, el gobierno central un 3,79 y el Tribunal Constitucional un 4,34. Los partidos políticos se desploman al 2,92, el peor dato de la serie y una brecha de más de cuatro puntos con los militares.
La encuesta no pregunta por la Monarquía, institución que el CIS no valora desde 2015, ni por las Fuerzas de Seguridad del Estado, que en ediciones anteriores solían aprobar con buena nota. En esta ocasión, la clase política firma su nivel más bajo de confianza desde que el CIS mide la calidad de la democracia. Es la cuarta edición y la tendencia es inequívoca: cada año, los ciudadanos confían menos en sus representantes.
Justicia percibida como injusta y el hartazgo con los partidos
El estudio incluye datos demoledores sobre la percepción del sistema judicial: el 88,8% cree que no se trata igual a los políticos que al resto de ciudadanos. Además, el 76,9% piensa que la justicia no es imparcial cuando afecta a los partidos, y el 78,4% que no trata igual a ricos y pobres.
En un contexto marcado por las causas judiciales, el 87,5% considera que España carece de mecanismos suficientes para luchar contra la corrupción. La sensación de impunidad es casi unánime y solo una minoría confía en que los corruptos paguen realmente por sus actos.
Ocho de cada diez prefieren la democracia, pero más de la mitad se sienten poco o nada satisfechos con cómo funciona.
Pese a todo, el 80,8% sigue apostando por la democracia frente a otras formas de gobierno y solo un 8,8% aceptaría un régimen autoritario en algunas circunstancias. Sin embargo, el 56,9% se declara poco o nada satisfecho con el funcionamiento real del sistema.
Los españoles quieren cambios profundos: más del 70% opina que los ciudadanos no influyen en el gobierno y que los políticos solo buscan sus intereses. El 75% admite que sin partidos no hay democracia, pero exigen que todos los cargos públicos firmen un código ético (94,9% de apoyo). Cuando se pregunta por prioridades para un gran acuerdo entre PP y PSOE, la fiscalidad justa lidera con un 90,8%, seguida de los fondos europeos (85,7%), las medidas contra la violencia de género (84%) y la reforma laboral (84%).
Un desgaste que viene de lejos y no da señales de freno
No es la primera vez que el CIS retrata un descontento profundo. La cuarta edición del estudio sobre calidad democrática confirma una tendencia: la desconfianza hacia las instituciones políticas y judiciales crece de forma sostenida. En las anteriores oleadas los partidos ya rondaban el suspenso alto, pero ahora se hunden por debajo del 3. El contexto ayuda a entender la caída: las entrevistas se realizaron en plena oleada de investigaciones y juicios que acaparaban titulares, lo que ha erosionado aún más la imagen de la clase política.
La brecha entre la preferencia teórica por la democracia y la insatisfacción práctica es cada vez mayor. Mientras la ciudadanía reclama pactos de Estado y menos crispación, los datos muestran que la distancia entre lo que se pide y lo que se hace no deja de aumentar. El siguiente paso será ver si los partidos mayoritarios recogen el guante y traducen estas cifras en acuerdos concretos o si, como en otras ocasiones, el estudio queda como una foto fija del malestar.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: La última encuesta del CIS sobre calidad de la democracia muestra un suspenso generalizado a las instituciones; solo las Fuerzas Armadas aprueban con un 6,96 y los partidos políticos reciben un 2,92.
- Por qué te importa: Refleja la creciente desafección política y la desconfianza en la justicia, lo que influye en cómo se gobierna y en los pactos que pueden afectar a tu día a día.
- A quién afecta: A todos los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, que son los más críticos con el sistema y los que muestran mayor desinterés hacia la política.
- Hacia dónde vamos: Los partidos mayoritarios están presionados para demostrar acuerdos concretos en fiscalidad, empleo y lucha contra la corrupción; de lo contrario, la desconfianza seguirá aumentando.



