AEMET lleva tiempo advirtiendo del desolador futuro del clima en España: 26 récords de calor y ninguno de frío en un año

El último informe sobre el estado del clima confirma más días de calor extremo, noches que ya no refrescan y un mar que actúa como acelerador del problema.

España afronta estos días su segunda ola de calor del verano, con avisos naranjas de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) por temperaturas que rondan los 42 grados en los valles del Guadalquivir, el Tajo y el Ebro, apenas dos semanas después de haber superado la primera, registrada a finales de junio.

Pero no es una casualidad ni un episodio aislado. La AEMET lleva años documentando, informe tras informe, un patrón que se repite con una regularidad cada vez mayor y que ayuda a entender por qué el termómetro español parece haber perdido la costumbre de dar tregua.

El último Informe sobre el Estado del Clima de España, correspondiente a 2025 y elaborado por el organismo, sitúa el año pasado como el tercero más cálido desde que existen registros homologados; es decir, desde 1961, empatado con 2024 y solo por detrás de 2022 y 2023. La temperatura media anual alcanzó los 15,1 grados, un valor 1,1 grados por encima del promedio de referencia de las últimas tres décadas.

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El dato que más preocupa a los climatólogos no es tanto la cifra de un año concreto como la acumulación de años cálidos seguidos, ya que los doce ejercicios más calurosos de toda la serie histórica pertenecen al siglo XXI.

Cada vez más récords de calor y menos de frío

AEMET lo mide con un procedimiento estadístico bastante intuitivo. Si el clima fuera estable, cada año debería producirse un número decreciente de récords diarios de temperatura, tanto de calor como de frío, simplemente porque cada vez hay más años con los que comparar. En 2025 se batieron 26 récords de días cálidos en la red principal de estaciones, más de cinco veces el número que cabría esperar en un clima sin tendencia. En el extremo contrario, no se registró ni un solo récord de frío. Ese desequilibrio, que se repite año tras año desde hace ya más de dos décadas, es la firma más clara del calentamiento en marcha.

Calor propio de verano
Calor propio de verano | Fuente: Freepik y elaboración propia

Las olas de calor son quizá el fenómeno donde esa tendencia se aprecia con mayor nitidez, porque AEMET dispone de una serie homogénea que se remonta a 1975. El análisis estadístico de esos cincuenta años muestra que el número anual de días bajo ola de calor crece a un ritmo de casi cuatro jornadas más cada década, mientras que la superficie del país afectada por cada episodio aumenta en torno a tres provincias y media cada diez años. La intensidad tampoco se queda atrás, ya que la anomalía térmica de la ola más severa de cada verano gana casi tres décimas de grado cada año, de media, desde mediados de los setenta.

La ola de calor más alta de cada verano es cada vez más severa

A falta de saber qué nos depara este de 2026, el verano de 2025 encajó perfectamente en ese guion. Se sucedieron tres olas de calor que sumaron 36 días, la segunda cifra más alta de la serie tras el verano de 2022, con episodios que llegaron a afectar simultáneamente a 43 provincias. Una de ellas, la de mediados de julio, se prolongó diecisiete días consecutivos entre junio y julio, algo inusual por lo temprano de la fecha. Este verano que estamos viviendo, con dos episodios ya en apenas mes y medio, parece seguir la misma senda que llevó a los meteorólogos a hablar de una nueva normalidad térmica en la que lo excepcional de hace veinte años empieza a convertirse en rutina.

AEMET afirma que España pierde el enfriamiento nocturno

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas, y que suele pasar más desapercibido que las máximas diurnas, es lo que ocurre por la noche. AEMET lleva tiempo advirtiendo de que España está perdiendo capacidad de enfriamiento nocturno, un fenómeno que se traduce en un aumento sostenido de las llamadas noches tropicales, aquellas en las que el termómetro no baja de 20 grados, y de las noches tórridas, en las que ni siquiera se desciende de 25.

Durante la ola de calor de julio de 2025, ciudades como Palma, Almería o Jaén registraron mínimas por encima de los 24 grados varias madrugadas seguidas, y ese patrón se ha repetido en los episodios de este mismo verano en localidades del litoral mediterráneo y del interior sur peninsular. El descanso nocturno se convierte así en un problema de salud pública, especialmente para personas mayores o con patologías previas, porque el cuerpo pierde una de sus principales vías de recuperación tras un día de calor extremo.

Un hombre se refresca por calor en verano
Un hombre se refresca por calor en verano | Fuente: Agencias

El mar tampoco escapa a esta dinámica y, de hecho, actúa como un amplificador del problema. Las aguas que rodean la península llevan cuatro años consecutivos con un carácter extremadamente cálido, según los datos de reanálisis que maneja AEMET, con anomalías especialmente marcadas en el Mediterráneo occidental, donde en 2025 se superó el grado de diferencia respecto a la media histórica en tramos costeros entre Barcelona y Almería. Diversos estudios oceanográficos calculan que esta cuenca se calienta en torno a un veinte por ciento más deprisa que la media del conjunto de los océanos del planeta, lo que explica en parte por qué las olas de calor mediterráneas llegan cada vez antes y con más humedad acumulada, un cóctel que también alimenta las lluvias torrenciales del otoño.

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Con precipitaciones al mismo tiempo torrenciales en algunos episodios y escasas en otros, y con una sequía meteorológica que sigue golpeando de forma desigual al sureste peninsular, el panorama que dibuja AEMET no es el de un clima que oscile de forma aleatoria, sino el de un sistema que se está desplazando de forma progresiva hacia valores más cálidos y más irregulares. Los análisis estadísticos de tendencia aplicados por la propia agencia, con métodos como el test de Mann-Kendall, confirman que buena parte de estas variables presentan una tendencia creciente estadísticamente significativa, algo que en climatología equivale a decir que ya no se trata de una racha, sino de un cambio de fondo.

Esa es, en definitiva, la lectura que conviene hacer de cara al futuro inmediato. España forma parte de la región mediterránea, señalada de forma reiterada por los organismos internacionales como uno de los puntos calientes del planeta en materia de cambio climático, y algunos análisis basados en la serie histórica de la propia AEMET sitúan el calentamiento acumulado en el país desde 1961 en cerca de 1,75 grados, casi el doble de lo que ha aumentado la temperatura media global en ese mismo periodo. Europa, de hecho, es el continente que se calienta más deprisa del mundo, a un ritmo aproximadamente doble al del conjunto del planeta desde los años ochenta, según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus.

Palma de Mallorca: Un Refugio en el Mediterráneo
El mar Mediterráneo en la costa de Mallorca | Fuente: Agencias

Nada de esto significa que cada verano vaya a ser automáticamente peor que el anterior, porque la variabilidad natural sigue existiendo y seguirá habiendo años más templados dentro de esta tendencia de fondo. Lo que sí indican los datos, con la prudencia que exige cualquier proyección, es que la probabilidad de vivir veranos con más días de calor extremo, noches más cálidas y episodios de ola de calor más largos y extensos seguirá creciendo mientras no se frene el calentamiento global.

Los propios técnicos de AEMET insisten en que este comportamiento resulta coherente con el calentamiento observado en las últimas décadas y que, aunque los récords de frío seguirán produciéndose de forma puntual, cada vez serán más escasos frente a los de calor. Adaptar ciudades, infraestructuras eléctricas, sistemas sanitarios y hábitos cotidianos a esta realidad ha dejado de ser una opción para convertirse, según reconocen los propios meteorólogos, en una necesidad inmediata.