Calor extremo en Europa: la ONU alerta de trenes cancelados, asfalto derretido y centrales nucleares paradas

Las olas de calor de finales de junio han dejado un panorama inédito en Europa: carreteras licuadas, trenes suspendidos y centrales nucleares al límite. La Comisión Económica para Europa de la ONU alerta de que esto es solo un anticipo de lo que se avecina si no se adaptan las in

La ONU advierte: el calor extremo está reventando las infraestructuras europeas. Trenes cancelados, asfalto derretido y centrales nucleares paradas en pleno pico de demanda son solo un anticipo, según el último informe de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas (UNECE). Vamos por partes.

Lo que está pasando con los trenes y las carreteras

Durante la ola de calor de finales de junio, la red ferroviaria británica registró catenarias caídas, deformación de vías e incendios en los márgenes. La National Rail y la operadora LNER pidieron a los viajeros que no usaran sus trenes si no era estrictamente necesario. En Francia, el director de la SNCF admitió que tuvieron que cancelar hasta 71 trenes intercity al día, y en Bélgica y Austria se redujo la velocidad y se suspendieron unos 100 trayectos diarios. El Eurostar también canceló varios servicios. ¿El motivo? El calor dilata los raíles más de lo previsto y los sistemas eléctricos fallan. Los aires acondicionados de los vagones también dijeron basta.

A nivel de carreteras, las imágenes más llamativas llegaron desde Leipzig (Alemania): el calor intenso derritió el asfalto que une los raíles del tranvía a la calzada, bloqueando el paso. En Núremberg ocurrió lo mismo. En varias autopistas germanas, las losas de hormigón se dilataron hasta levantarse, obligando a cortar tramos. En Francia, seis kilómetros de asfalto se licuaron en la carretera entre Meurthe y Mosela; en Reino Unido tuvieron que cubrir con arena algunos tramos para que no se quedaran pegajosos.

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Las centrales nucleares también dicen basta

El calor no solo frena los desplazamientos. En Francia, un reactor tuvo que pararse y otros redujeron potencia porque el agua de los ríos que usan para refrigerarse salía demasiado caliente, superando el límite legal. En Hungría, la central de Paks vivió un escenario parecido: el Gobierno tuvo que autorizar temporalmente que el agua del Danubio se devolviera más caliente de lo habitual, y aún así la operadora prevé perder 40 megavatios adicionales. Todo esto ocurre justo cuando la demanda de electricidad se dispara por el uso masivo del aire acondicionado.

trenes cancelados ola de calor

Por qué esto es solo un aviso (y lo que viene después)

La secretaria ejecutiva de la UNECE, Tatiana Molcean, lo dejó claro: “Los sistemas de transporte son vitales para el buen funcionamiento de nuestras sociedades y economías, por lo que las interrupciones pueden tener consecuencias dramáticas”. Y no habla solo de retrasos. En un episodio de calor extremo, si una carretera se corta, puede bloquear el acceso a hospitales cuando más gente necesita atención urgente. Es un efecto dominó que, según Naciones Unidas, irá a más.

La Agencia Europea del Medio Ambiente ya avisó en 2024 de que Europa no estaba preparada para los crecientes riesgos climáticos y de que las medidas de adaptación no seguían el ritmo. Entonces, lo de junio no ha sido una sorpresa. Ingenieros de la Universidad Politécnica de Madrid analizaron en 2020 el impacto del cambio climático en las carreteras españolas: la conclusión fue que, aunque el riesgo era bajo, los costes de mantenimiento se dispararían. Que es justo lo que ahora empezamos a ver en otros países.

En España, el asfalto lleva aditivos para resistir temperaturas de hasta 70 °C, así que las carreteras derretidas de Alemania difícilmente se replicarían aquí. Pero eso no significa que estemos a salvo: las olas de calor serán cada vez más frecuentes y largas, y nuestras infraestructuras también tienen límites. Además, las cancelaciones de trenes en el resto de Europa afectan a quien viaje por trabajo o vacaciones: si tu billete de Eurostar se queda en tierra, lo notas en el bolsillo y en los nervios.

La cuestión es que adaptar la red de transportes exige inversiones multimillonarias, y hasta ahora ningún país ha movido ficha con la urgencia que haría falta. Mientras tanto, la factura nos la comemos los usuarios: retrasos, pérdida de conexiones, mayor gasto en energía para refrigerar vagones y estaciones. La propia UNECE calcula que los costes económicos de estas disrupciones son enormes y van a ir en aumento. La mayoría de la gente desconoce que, además del retraso, pueden desencadenarse problemas de salud pública si las ambulancias no pueden circular.

En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)

  • 🌍 ¿Qué cambia esta semana? Las olas de calor están provocando cortes de trenes, carreteras derretidas y parones en centrales nucleares.
  • 👥 ¿A quién afecta exactamente? A cualquier persona que viaje por Europa este verano y a quienes dependen de servicios públicos que pueden colapsar por el calor.
  • ¿Qué puedes hacer al respecto? Antes de moverte, consulta los avisos de las operadoras; si viajas en coche, evita las horas centrales del día.