Los vagones de la Línea 1 de Metro de Madrid llevan semanas convertidos en saunas ambulantes. Las quejas se acumulan a cada hora que pasa, incluso con personas que se desamayan o sufren mareos. "Se acaba de desmayar un chico en pleno metro de Madrid y no me extraña porque estar aquí es inhumano", decía José este pasado 24 de junio.
Marta nos dice que, de seis veces que ha cogido la Línea 1 en plena ola de calor en Madrid, solo en una ocasión funcionaba correctamente el aire acondicionado. David nos cuenta que ya ha visto incluso a algún joven quitarse la camiseta.
Y es que la mayoría coinciden en que la Línea 1 sufre, a menudo, de trenes con una temperatura interior que muchos usuarios describen como insoportable. Lo que podría parecer una anécdota aislada es, en realidad, un problema que se repite de forma crónica en la línea azul del suburbano madrileño, sin que la Comunidad de Madrid haya dado una solución real y definitiva.
El escenario se agrava por un factor de demanda que no tiene precedentes en este tramo del año. La Línea 1, que recorre el eje norte-sur de la ciudad desde Pinar de Chamartín hasta Valdecarros, se ha convertido en las últimas semanas en la más utilizada del Metro de Madrid, superando incluso a la Línea 6, que históricamente lidera ese puesto. Durante 2025, la Línea 1 fue la más utilizada de la red, con más de 112 millones de entradas, mientras que la Línea 6, que habitualmente ocupa esa posición, quedó relegada al quinto lugar como consecuencia de sus cierres parciales por obras de modernización. Este lunes, la presión sobre la línea azul ha vuelto a dispararse: 72.369 viajeros la usaron por la mañana para ir a trabajar, un 5,39 % más que el viernes anterior.

Con esa masa de gente dentro, cada tren sin aire acondicionado se convierte en un problema de salud pública.
La flota envejecida de la Línea 1 de Metro de Madrid
El origen del problema es que los modelos más antiguos que circulan por la Línea 1, las unidades de la serie 2000, datan de los años 90, y aunque Metro ha renovado parte de su flota en otras líneas, la Línea 1 ha quedado rezagada en términos de inversión en confort térmico. Los trabajadores del suburbano llevan tiempo poniendo el foco en el deterioro del material rodante. Fuentes de CCOO señalaban que en la L1 se contabilizaron hasta 51 averías en un solo mes, y que los trabajadores practican un "canibalismo" de piezas —quitando componentes de vagones más antiguos para mantener en marcha los más nuevos— ante la falta de repuestos.
Esa estructura de mantenimiento precario es especialmente peligrosa en verano, cuando los equipos de climatización se exigen al máximo. Las redes sociales recogen, día tras día, testimonios de usuarios que suben a trenes de la L1 y descubren que el aire acondicionado no funciona. Cuando lo hace, gotea directamente sobre los pasajeros. Algunos describen temperaturas que hacen irrespirable el ambiente en hora punta. Cuando encima se producen incidencias o cortes que alargan los intervalos entre trenes, la aglomeración en los vagones convierte el trayecto en algo cercano a una emergencia térmica.
"Hace un calor totalmente sofocante y eso que llevo solo unas paradas de trayecto, horrible, para que le dé un golpe de calor a cualquier persona", se queja Sara, una usuaria del Metro. "Invito a todos los usuarios de la L1 de Metro de Madrid a poner una reclamación por la falta de climatización y el hacinamiento", dice Beatriz.
La situación se vuelve especialmente grave porque la Línea 1 funciona ahora como ruta de escape para miles de viajeros que en otras circunstancias utilizarían otras líneas. La saturación tiene que ver con que la Línea 6 ha permanecido parcialmente cerrada por reformas y su tráfico se ha desviado hacia otras líneas, lo que ha tensionado toda la red. Algo parecido sucede con el corte en la Línea 10, y a ello se suma el impacto de obras y huelgas en Cercanías, que desplaza a miles de usuarios adicionales hacia el Metro.
El resultado es que la Línea 1 absorbe un volumen de pasajeros para el que sus trenes no están preparados, y menos aún los que viajan sin refrigeración. Para colmo, hay incidencias en Metro de Madrid que complican todavía más los trayectos, como por ejemplo que este lunes los trenes no efectuaran parada en la estación de Cuatro Caminos por causas técnicas, según informó la empresa pública que gestiona la red del suburbano madrileño.
Los parches de la Comunidad de Madrid no son suficientes
De cara a este verano, la Comunidad de Madrid respondió con medidas que, sobre el papel, parecen razonables, pero que en la práctica resultan insuficientes. El Consistorio instaló 40 equipos de refrigeración en 20 estaciones de las líneas 1 y 5 a partir del 4 de junio, con los dispositivos activados entre las 11:30 y las 21:30 horas cuando la temperatura exterior supera los 30 grados o cuando la AEMET alerta de ola de calor. En la L1, estos equipos se encuentran en estaciones como Sol, Chamartín, Alvarado, Iglesia, Antón Martín, Estación del Arte, Atocha, Puente de Vallecas, Buenos Aires y Alto del Arenal.

El problema es que enfriar el andén no resuelve lo que ocurre dentro de los vagones. La diferencia térmica que estos equipos pueden ofrecer es de hasta 5 o 6 grados respecto a andenes sin climatizar, y el propio plan reconoce que no cubre el resto de la red, de modo que los trayectos siguen dependiendo de la calidad del aire de los convoyes.
El gobierno regional también anunció en mayo una inversión de 3,5 millones de euros para renovar la climatización de 93 trenes de las líneas 1 y 5, con trabajos que debían realizarse sin afectar al servicio y con el objetivo de tener todos los trenes listos antes de agosto. Sin embargo, la inversión llega con retraso y varios colectivos vecinales la califican como un parche, señalando que mientras Barcelona completó en 2025 la renovación de los aires acondicionados de sus líneas más calurosas, Madrid aún intenta ponerse al día. Y lo más revelador es que esa inversión afecta a 93 trenes cuando la flota del Metro supera los 2.000 vehículos.
Mientras tanto, la respuesta oficial ante las averías puntuales es que el convoy afectado se envía a reparación y se arregla en un plazo máximo de un día. Una promesa que no cuadra con la realidad que relatan a diario los usuarios en redes sociales, donde los testimonios de vagones sin aire no son excepcionales sino cotidianos.
Como hemos dicho, la acumulación de incidencias tampoco ayuda, porque los retrasos o interrupciones de servicio que se producen con cierta frecuencia en la línea agravan exponencialmente el problema térmico. Si el intervalo entre trenes se alarga, el siguiente llega ya más cargado, y si ese tren no tiene aire acondicionado, las consecuencias se sienten en cuestión de minutos.
Organizaciones de consumidores han elevado denuncias formales ante las administraciones, reclamando la retirada inmediata de cualquier convoy que no disponga de un sistema de climatización operativo, y señalando que "el acceso a un transporte público digno y seguro es un derecho fundamental, no un lujo".
El Metro madrileño lleva sufriendo en verano desde al menos 2023, cuando las temperaturas en algunas estaciones superaron los 32 grados en hora punta, lo que llevó a los sindicatos a reclamar medidas urgentes. Tres años después, los trenes de la Línea 1 siguen saliendo a la vía con equipos de climatización averiados, y los viajeros siguen llegando a su destino empapados en sudor, cuando no directamente en camino al hospital por un golpe de calor.
Está previsto que hacia 2027 se retire del servicio buena parte de la serie 2000A tras la adquisición de 40 nuevos trenes de gálibo estrecho a CAF, adjudicados en 2024, que se implementarán únicamente en la Línea 1. Pero en este verano de 2026, esa solución definitiva sigue siendo una promesa de futuro, y los miles de madrileños que cada mañana se apiñan en la línea azul tienen que vérselas con el presente en forma de infierno casi diario.




