El secreto medieval contra el fuego: cómo el mayor pinar de España logra esquivar los grandes incendios forestales

- En pleno verano de 2026, mientras España se enfrenta a la constante amenaza de los incendios forestales, un vasto territorio entre las provincias de Burgos y Soria resiste con éxito los embates del fuego.
- La comarca de Pinares, que alberga la mayor masa forestal del país con más de 100.000 hectáreas, acumula décadas sin registrar siniestros de gravedad.

Detrás de este oasis ecológico no solo operan factores climáticos como una pluviometría favorable o la altitud de sus montes, sino también una tradición comunal de origen medieval: la "Suerte de Pinos". Aunque este sistema de gestión vecinal y reparto de madera se encuentra hoy en un estado residual y al borde de la extinción, su aplicación histórica logró mantener limpio y ordenado el terreno, sembrando una valiosa lección de sostenibilidad que los expertos reclaman recuperar antes de que los bosques queden completamente deshabitados.

La "Suerte de Pinos": el escudo comunal que limpiaba el monte

El éxito de la comarca de Pinares para evitar las llamas no es fruto de la casualidad, sino de una herencia cultural compartida por 40 pueblos. Durante siglos, y de manera muy intensa hasta la década de los años 90, los habitantes de la zona ejercieron de forma activa la Suerte de Pinos, un derecho comunal mediante el cual cada vecino disfrutaba de un lote de madera y leña procedente de los montes de utilidad pública gestionados por sus ayuntamientos. Esta tradición ancestral, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial por la Junta de Castilla y León en el año 2022, funcionaba en la práctica como el mejor plan de prevención contra incendios.

Al extraer la madera de forma ordenada y retirar la leña sobrante para el autoconsumo o la venta, los propios vecinos se encargaban de "limpiar" el terreno de manera natural. Esta intensa actividad tradicional generaba lo que en el sector forestal se denomina discontinuidad de los combustibles. Según explican los ingenieros de montes, el mantenimiento constante propiciaba que, en caso de producirse un conato, el fuego únicamente quemara la zona herbácea superficial, impidiendo que las llamas ascendieran y devoraran las copas de los árboles. Además, la necesidad de explotar el pinar obligó a mantener una red de caminos forestales en excelentes condiciones, una infraestructura que hoy en día resulta vital para que los equipos de extinción accedan con rapidez y eficacia ante cualquier alerta.

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Un "fósil viviente" asfixiado por la crisis de la madera

A pesar de sus extraordinarios beneficios históricos, el modelo comunal que protegió la comarca se enfrenta actualmente a una crisis estructural irreversible. Antonio Chicote, agente forestal jubilado que trabajó durante décadas cuidando los bosques de la zona de Quintanar de la Sierra, advierte de que la Suerte de Pinos se ha convertido en un "fósil viviente" y que el sistema tradicional se encuentra arruinado. La caída drástica de los precios de la madera en los mercados internacionales y el desplome del valor de los recursos ecosistémicos han despojado a los vecinos del incentivo económico de antaño.

Las cifras actuales reflejan la gravedad del abandono. Por las 5.000 hectáreas de bosque que posee Quintanar de la Sierra, apenas se recibe en la actualidad medio millón de euros, una cantidad totalmente insuficiente si se compara con los presupuestos del pasado. Chicote recuerda con nostalgia la época en la que coordinaba cuadrillas de hasta cien personas dedicadas en exclusiva a las labores de mantenimiento del monte. Hoy en día, los rendimientos económicos actuales no garantizan ni el 15% de las necesidades financieras del bosque para acometer tareas esenciales de limpieza, reposición de árboles y recogida de leña. La falta de rentabilidad ha provocado que la densidad de trabajadores sobre el terreno caiga en picado: mientras que antes operaban dos operarios por cada mil hectáreas de bosque, hoy la presencia de personal es residual.

El reto de volver a habitar el bosque en 2026

La vulnerabilidad actual de Pinares reabre el debate sobre las políticas de prevención en el territorio nacional. Ante la parálisis del modelo comunal, la explotación forestal ha pasado mayoritariamente a manos de empresas madereras privadas que, aunque siguen reportando ciertos beneficios económicos a los habitantes de la zona, operan bajo dinámicas muy distintas a las de la gestión vecinal. Los expertos coinciden en que, estadísticamente, el riesgo de sufrir un gran incendio en esta comarca sigue siendo menor debido a factores estructurales como su elevada altitud —el pinar se asienta entre los 1.000 y los 2.000 metros— y un índice de lluvias favorable, pero insisten en que "la mala suerte" podría desencadenar una catástrofe en cualquier momento si se descuida la prevención.

Desde el sector forestal se critica la tendencia de las administraciones públicas a reaccionar ante las crisis mediante decretos restrictivos en lugar de inversiones estructurales sobre el terreno. Las voces más veteranas lamentan que no se haya aprendido lo suficiente de las oleadas de incendios que devastaron provincias como León y Zamora en años anteriores, señalando que las prohibiciones de encender fuego solo sirven para maquillar la inacción, mientras los montes acumulan masa combustible sin limpiar.

Para garantizar el futuro de este pulmón verde, profesionales como Chicote defienden que la única solución viable pasa por "volver a habitar el bosque". Esto implica evolucionar el viejo sistema medieval hacia un nuevo tejido económico que genere empleo verde estable mediante la creación de cuadrillas forestales permanentes y el desarrollo de viveros de plantas destinados a la reforestación. Por su parte, Asier Rojo, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes de Castilla y León, matiza que, si bien es cierto que las administraciones han invertido más recursos en los medios de extinción, las medidas de gestión forestal a medio y largo plazo requieren de un mayor margen de tiempo y presupuesto para consolidarse y devolver la protección activa a los montes españoles.