Niños sanos que entraban a una cirugía rutinaria y salían sin poder volver a caminar. Eso es lo que empezó a ver la doctora Yaremy Hernández hace unos años, y lo que la llevó a llamar al grupo de investigación de la Universidad de Zaragoza. Lo que encontraron juntos acaba de sacudir a la comunidad médica internacional: una variante genética en el ADN mitocondrial que convierte el anestésico más usado en pediatría en un riesgo gravísimo para quienes la portan.
El hallazgo, publicado en la revista Anesthesiology —la de mayor factor de impacto en su especialidad, que le dedicó portada y editorial—, explica la base molecular de casos que durante años desconcertaron a médicos en Alemania, Estados Unidos, Venezuela y España. El equipo de Zaragoza, liderado por el catedrático de Bioquímica Eduardo Ruiz Pesini, lleva ocho años rastreando esta pista. Ahora, el mundo sanitario los escucha.
Zaragoza y el gen que nadie había caracterizado
Todo comenzó en 2018, cuando el grupo de investigación de Zaragoza recibió la muestra de un paciente de Barcelona con sospecha de enfermedad mitocondrial. Encontraron una mutación, pero en aquel momento no pudieron caracterizarla. Dos años después llegó la llamada que lo cambió todo: dos niños previamente sanos, sometidos a anestesia general en cirugías convencionales, habían sufrido una degradación fulminante de los ganglios basales —la región clave para el control del movimiento— y habían perdido la capacidad de caminar.
El análisis genético reveló que ambos compartían la variante poco frecuente m.11232T>C en el ADN mitocondrial, una alteración en el gen ND4 del complejo I de la cadena respiratoria. Lo que siguió fue un ejercicio de trazabilidad epidemiológica internacional: nuevos casos en Chile, Venezuela, Estados Unidos, Canadá y España. Todos con el mismo patrón. Todos con ascendencia materna venezolana, concretamente rastreable hasta el estado Carabobo.
Zaragoza frente al sevoflurano: la clave está en la mitocondria
El equipo de Zaragoza con una larga tradición de hallazgos que ponen a Aragón en el mapa científico mundial— utilizó cíbridos, modelos celulares que incorporan las mitocondrias del paciente en un entorno controlado. Los resultados fueron contundentes: las células con la variante genética expuestas al sevoflurano sufrían una reducción drástica y dosis dependiente del consumo de oxígeno mitocondrial. En pocas palabras, el anestésico inhalatorio provocaba un colapso energético celular en quienes portaban la mutación.
Lo más relevante para la clínica: ese efecto devastador no se observó con el propofol, un anestésico de administración intravenosa. Esto significa que existe una alternativa segura para estos pacientes, siempre que se sepa de antemano quién porta la variante. La probabilidad de encontrar esa coincidencia genética en los ocho pacientes estudiados al azar era, según los propios investigadores, de uno entre 1.800 trillones.
El mundo sanitario reacciona a velocidad inusual
Desde el verano de 2025, cuando la Sociedad de Anestesiología de Chile notificó siete casos con sintomatología idéntica, la respuesta internacional no se hizo esperar. La Sociedad Americana de Anestesiología (ASA) y la Sociedad Pediátrica de Anestesia (SPA) publicaron una comunicación conjunta en enero de 2026. Poco después se sumaron las sociedades de España, Canadá, Venezuela y la Sociedad Europea de Anestesiología, todas emitiendo guías clínicas específicas. No es habitual que cinco continentes reescriban sus protocolos en cuestión de meses.
El protocolo resultante es claro y ya se aplica en Zaragoza y en muchos otros hospitales: antes de operar a cualquier paciente con ascendencia materna venezolana, se pregunta por el origen familiar. Si hay vínculo con el estado Carabobo, se realiza un test genético —disponible en pocos días— y, si la mutación está presente, se descarta el sevoflurano y otros anestésicos halogenados, utilizando en su lugar el propofol. La anestesia sigue siendo posible. Solo hay que saber a quién se está anestesiando.
Lo que este hallazgo cambia para siempre en la anestesia
Una enfermedad rara que dejó de ser invisible
Hasta hace muy poco, esta variante genética se clasificaba como de "significación clínica incierta". El trabajo del equipo de Zaragoza ha movido esa clasificación: ahora existe evidencia sólida de su papel patogénico. Se calcula que podría haber hasta 40 casos identificados en todo el mundo, aunque la cifra real podría ser mayor, porque muchos episodios anteriores quizás se atribuyeron a otras causas.
La herencia materna como factor decisivo
El ADN mitocondrial se hereda exclusivamente por vía materna. Esto tiene una consecuencia directa: si una mujer porta la variante m.11232T>C, todos sus hijos la heredarán, aunque solo las hijas podrán transmitirla a la siguiente generación. Por eso el protocolo de cribado se centra en preguntar no solo por el origen del paciente, sino por el de su madre o su abuela.
Qué implica este descubrimiento para el futuro de la medicina personalizada
- El caso abre la puerta a un modelo de anestesia farmacogenética: adaptar el fármaco al perfil genético del paciente antes de cada cirugía.
- La mutación ND4 podría ser solo la primera de una lista: el equipo de Zaragoza ya estudia otros anestésicos inhalatorios y formulaciones intravenosas.
- Los test genéticos mitocondriales podrían incorporarse a los protocolos preoperatorios estándar en poblaciones de riesgo.
- La investigación abre preguntas sobre otras variantes similares en distintas poblaciones del mundo aún no estudiadas.
Zaragoza como motor de una anestesia más segura y más inteligente
El trabajo del grupo de Biogénesis y Patología Mitocondrial de la Universidad de Zaragoza no termina aquí. El equipo ha asumido el compromiso firme de definir una guía integral de fármacos seguros para todos los pacientes con esta condición genética, analizando uno a uno el resto de agentes anestésicos disponibles. El objetivo es claro: que ningún niño sano vuelva a salir de un quirófano en silla de ruedas por algo que era previsible y evitable.
La medicina personalizada lleva años prometiendo que el tratamiento del futuro se adaptará al ADN de cada paciente. Lo que los científicos de Zaragoza han demostrado es que, en anestesiología al menos, ese futuro ya ha llegado. Y que España está en la primera fila.





