La risa humana tiene 15 millones de años, según un estudio sobre los grandes simios

Un análisis de grabaciones de grandes simios y niños pequeños revela que compartimos el mismo ritmo de carcajada. Nuestro sofisticado control sobre la risa, clave para el lenguaje, viene de aquellos ancestros comunes.

Quince millones de años. Ahí es nada. La próxima vez que sueltes una carcajada forzada en una cena de empresa o rías de verdad con tu grupo de WhatsApp, piensa que llevas haciéndolo —o algo muy parecido— desde que los humanos y los grandes simios compartíamos ancestro. Un estudio que acaba de publicarse en Communications Biology lo confirma: nuestra capacidad para reír tiene raíces mucho más profundas de lo que creíamos.

Vamos a ir al meollo. El equipo de investigación analizó grabaciones de hace décadas de grandes simios (chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes) mientras les hacían cosquillas —sí, los científicos también se divierten— y las comparó con las risas de cuatro niños pequeños jugando. Lo que encontraron es tan sencillo como alucinante: todos compartimos el mismo patrón rítmico básico de risa, con vocalizaciones espaciadas regularmente, lo que se llama ritmo isócrono.

De dónde viene esta risa que nos traemos

Ese ritmo común señala directamente al último ancestro que tuvimos en común con los grandes simios, hace unos 15 millones de años. O sea, que la risa no es un invento humano moderno; es una herencia primate que llevamos grabada en la garganta. El estudio, publicado en Communications Biology, convierte la risa en uno de los rasgos más antiguos que nos han legado nuestros parientes evolutivos.

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Para que te hagas una idea: cuando un gorila se parte de risa porque le haces cosquillas en la tripa, está usando el mismo motor vocal que tú cuando te cuentan un chiste malo. La diferencia está en lo que hacemos con él.

Por qué los simios no fingen la risa (y nosotros sí)

Aquí viene lo bueno. Los grandes simios tienen una risa básica: o la sueltan o no, sin grises. Los humanos, en cambio, somos unos artistas del camuflaje sonoro. Ajustamos la velocidad y el estilo de la carcajada según el contexto: nos descojonamos cuando un chiste da en el clavo, pero también soltamos una risilla forzada para no herir sentimientos en una reunión aburrida. Los simios, simplemente, no te van a seguir el rollo si tus gracias les parecen un insulto a su inteligencia.

La risa no es solo un gesto social; es una herencia de 15 millones de años que compartimos con los grandes simios y que, además, fue el campo de entrenamiento para el habla.

Los investigadores creen que esa capacidad de controlar el ritmo y el tempo de la risa forma parte del mismo sistema de control vocal que nos permite hablar. Es decir, la risa no es lenguaje, pero tanto el lenguaje como la risa necesitan un dominio fino de los músculos que producen el sonido. Y aquí está el detalle: chimpancés y bonobos ya muestran más flexibilidad vocal que gorilas u orangutanes, lo que sugiere que el camino hacia el habla empezó antes de lo que pensábamos. Casi puedes imaginar a un chimpancé soltando una risa educada para no dinamitar tu frágil sentido de superioridad humana, aunque todavía no estemos ahí.

El chascarrillo evolutivo

Este estudio encaja con otras investigaciones que llevan años señalando que la risa no es solo cosa nuestra. Ya se sabía que las ratas emiten ultrasonidos cuando las cosquillas, pero encontrar el mismo ritmo en todos los grandes simios y en niños pequeños refuerza la idea de que la risa es una herramienta social básica, anterior al lenguaje y profundamente enraizada en la biología de los primates. No es la primera vez que la ciencia nos baja los humos recordándonos que compartimos más de lo que nos gusta con nuestros primos peludos.

En el fondo, es un dato que da para un optimismo raro: en un momento en el que las redes arden con dramas cada cinco minutos, la evolución nos recuerda que llevamos quince millones de años riéndonos juntos. O por lo menos, desde que alguien descubrió que hacer cosquillas a un gorila era una idea excelente para un paper científico.

La próxima vez que te rías —de verdad o por compromiso—, dale las gracias a aquel ancestro africano que un día soltó la primera carcajada. Y si un chimpancé te mira con cara de póker mientras intentas hacerle gracia, acuérdate: él no necesita fingir. Tú, en cambio, todavía estás perfeccionando el arte.

El chisme en 3 claves (TL;DR)

  • 👀 ¿De qué va exactamente? Un estudio confirma que la risa humana comparte patrón rítmico con la de los grandes simios y se remonta a hace 15 millones de años.
  • 🔥 ¿Por qué importa? Conecta la risa con la evolución del lenguaje y demuestra que es una herramienta social mucho más antigua que nuestra especie.
  • 📲 ¿Por qué está en todos los móviles? Porque entre tanto drama digital, la ciencia nos suelta un dato que te deja con una sonrisa bobalicona y la culpa es de tus ancestros.