El musical ‘Pride’ triunfa en Londres: la historia real de la alianza entre mineros y activistas LGTB

El mismo equipo que creó la película de 2014, con Stephen Beresford y Matthew Warchus al frente, convierte la amistad entre mineros galeses y activistas LGTB en un espectáculo que el National Theatre abraza con críticas de cinco estrellas. La historia real te deja sin aliento.

Hay musicales que nacen de un tweet. Este nace de una amistad real entre mineros galeses y activistas LGTB en los años 80. Y os prometo que es pura dinamita.

La película Pride (2014), con Imelda Staunton y Bill Nighy, ya era uno de esos tesoros clandestinos de Netflix que te sorprenden un domingo lluvioso. Ahora, la misma dupla creativa —el guionista Stephen Beresford (libro y letras) y el director Matthew Warchus— ha convertido aquella historia en un espectáculo que acaba de aterrizar en el Dorfman Theatre. Y lo hace con críticas que son casi abrazos, como apunta The Guardian en su reseña de esta misma semana.

El milagro Pride: mineros, drag queens y una huelga que cambió las alianzas

La premisa parece una trama de una película de Richard Curtis que nadie se creería: en plena huelga minera de los 80, un grupo de activistas LGTB del oeste de Londres —Lesbians and Gays Support the Miners— decide recaudar fondos para los mineros de un pueblo perdido de Gales. Pero ocurrió de verdad. Y no solo eso: la amistad que surgió entre aquellas dos comunidades cambió la historia del activismo británico para siempre. El musical no se limita a reproducir la película; convierte esa alianza inesperada en un dispositivo escénico que mezcla himnos folk, números de cabaret y una emotividad que desarma.

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El Dorfman, el espacio más pequeño del National Theatre, convierte la función en un ritual íntimo: el público está a centímetros de las drag queens cantando sobre piquetes, y la cercanía emocional es tan física que sales con la sensación de haber estado en un mitin y en una fiesta a la vez. Es el tipo de teatro que te hace creer en la posibilidad de que un musical puede hablar de política sin perder una pizca de alegría.

La amistad entre mineros y activistas LGTB no es un happy ending manufacturado: es la prueba de que la solidaridad funciona a las bravas.

Un musical que no necesita imitar Broadway para emocionar

Si esperas pirotecnia al estilo Broadway, olvídate. Aquí la grandeza está en lo minúsculo: un piano, un acordeón y un reparto que canta con una honestidad que recuerda a los mejores montajes off-West End de los últimos años. Beresford y Warchus (que ya hicieron magia con Matilda) entienden que la fuerza de la historia no está en el músculo de producción, sino en la conexión directa con el espectador. Hay momentos en los que el teatro se queda en silencio y solo se oye la respiración contenida de una sala que está reviviendo la huelga de 1984-85 como si acabara de ocurrir ayer.

A veces, la crudeza de la historia choca con la dulzura de algunas baladas, pero es un contraste intencionado que te mece entre la ternura y el puñetazo político. El número colectivo «Bread and Roses», que reescribe la famosa canción sindical en clave queer, es un ejemplo de cómo el musical se burla de las etiquetas y celebra la interseccionalidad mucho antes de que esa palabra existiera en el diccionario. No le hace falta más.

Lo que dice Pride sobre la izquierda británica (y sobre nosotros)

La historia de Pride funciona hoy como un espejo bastante cruel. En 1984, unos mineros que probablemente nunca habían hablado con un gay aceptaron la ayuda de la comunidad LGTB sin prejuicios. Cuatro décadas después, con el debate sobre los derechos trans incendiando las tertulias y una parte de la izquierda discutiendo si el arcoíris es demasiado inclusivo, este musical es un recordatorio de que las alianzas se construyen con hechos, no con hilos de Twitter. Esa honestidad brutal es la que le da verdadero punch político: no hay moraleja fácil, solo la evidencia de que organizarse juntos funciona mejor que hacerlo en guetos.

El montaje llega en un momento en el que el Reino Unido se enfrenta a una nueva recesión y los sindicatos vuelven a ser portada. La conexión con el presente no se subraya con pancartas (Warchus es demasiado astuto), pero flota en el ambiente: la precariedad, la solidaridad de barrio y la resistencia colectiva vuelven a ser temas de barra de bar. Es imposible salir del Dorfman sin acordarte de que hace solo dos meses las enfermeras británicas organizaron recolectas similares para sus colegas en huelga. La rueda de la historia no es un círculo, pero a veces patina.

El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? El musical ‘Pride’, basado en hechos reales, ha debutado en el National Theatre con críticas excelentes.
  • 🔥 ¿Por qué importa? Porque recupera una de las alianzas intersectoriales más bonitas de los 80 y demuestra que el activismo sin postureo sirve para algo.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Nos afecta: en pleno 2026, con la izquierda fragmentada y los derechos LGTB bajo presión, la historia de Pride es un manual en vivo.
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