Tras varias jornadas marcadas por termómetros disparados y avisos de riesgo en buena parte del territorio, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) confirmó el fin de la primera ola de calor del verano. Este viernes 26 de junio trae consigo una ansiada normalización de las temperaturas en la mayor parte de la geografía española, motivada por la entrada de una masa de aire atlántica más fresca.
El alivio térmico será especialmente notable en la mitad occidental de la Península, donde capitales como Madrid o Salamanca experimentarán descensos muy significativos, dejando atrás el bochorno de las jornadas anteriores y estabilizando los termómetros en torno a unos tolerables treinta grados.
Esta tregua meteorológica devolverá un ambiente primaveral durante las próximas setenta y dos horas a muchas zonas del país. Las noches dejarán de ser tan asfixiantes en el interior y el occidente peninsular, permitiendo por fin conciliar el sueño gracias a unas mínimas que en amplias zonas de la meseta norte llegarán a descender hasta los quince grados. La influencia de unas bajas presiones situadas en el noroeste también traerá de vuelta la nubosidad y dejará precipitaciones de carácter débil pero persistente, sobre todo en la costa atlántica gallega y el área cantábrica, donde además se esperan densas brumas matinales que condicionarán el inicio del día.
La tregua térmica no será absoluta ni llegará a todos los rincones por igual, ya que un bloque geográfico importante seguirá bajo la influencia del calor opresivo. A partir del último boletín de la agencia estatal vemos que en la predicción se mantienen activos los avisos en cinco comunidades autónomas debido a la resistencia de las temperaturas a dar un paso atrás. El nivel de riesgo abarca a Aragón, Baleares, Cataluña, Navarra y La Rioja, afectando a provincias como Huesca, Teruel, Zaragoza, Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona, en las que una fuerte insolación elevará las máximas por encima de los 36 grados y rozará la marca de los 38 de forma puntual.
Esta misma situación de alerta se traslada a la isla de Mallorca y a todo el entorno del valle del Ebro, englobando el centro y el Pirineo navarro, junto a la Ribera riojana y navarra. La costa mediterránea mantendrá su propio pulso térmico, no tanto por el calor diurno, sino por la tremenda persistencia de las altas temperaturas nocturnas, obligando a numerosas localidades a soportar otra noche de vigilia forzosa sin bajar de los 25 grados. A pesar de una leve calima en suspensión y las brisas costeras que se activarán por la tarde, la sensación de bochorno continuará castigando gran parte del este peninsular a lo largo del fin de semana.
Inestabilidad y desarrollo de tormentas
Mientras el este y el tercio sur peninsular siguen pendientes de protegerse del sol, con Andalucía experimentando incluso ligeros ascensos en sus máximas, la mitad norte afronta una dinámica atmosférica radicalmente diferente. El continuo aporte de humedad procedente del flujo atlántico favorecerá un fuerte desarrollo de nubes de evolución durante la segunda mitad del día. Estas formaciones convectivas crecerán con especial fuerza en las zonas montañosas del Cantábrico oriental, el Alto Ebro y el norte del sistema Ibérico, territorios donde no se descarta en absoluto que descarguen chubascos aislados o desaten tormentas vespertinas acompañadas de fuertes rachas de viento.
El archipiélago canario queda al margen de estos grandes vaivenes térmicos y se asienta en la típica pauta estival impulsada por los vientos alisios. Esta circulación de vientos de intensidad moderada arrastrará abundante nubosidad que dejará lloviznas intermitentes en la vertiente norte de las islas de mayor relieve, mientras los municipios del sur disfrutarán de cielos despejados. En lo referente a la dinámica del viento en el sur peninsular, el poniente soplará con cierta fuerza en el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán, contribuyendo de forma decisiva a atemperar el ambiente a lo largo de toda la fachada litoral andaluza.
AEMET tiene claro un inminente regreso del calor extremo
A pesar del respiro pasajero que ofrece esta recta final del mes de junio, la frescura de la masa de aire atlántica tiene fecha de caducidad inminente. Las proyecciones a medio plazo alertan de que la atmósfera ya está preparando un nuevo envite térmico para el territorio español. Las previsiones más actualizadas apuntan a que, de cara al inicio de la próxima semana, una vasta dorsal anticiclónica empujará de nuevo aire sumamente cálido y seco desde el desierto norteafricano hacia el interior de la Península, cerrando bruscamente el paso a los frentes nubosos del noroeste.
La fecha que fijan los meteorólogos para este violento regreso del fuerte calor encaja de lleno con los primeros días de julio, momento en el que el termómetro emprenderá una escalada casi vertical. Las simulaciones no descartan que los valores de temperatura máxima superen otra vez el temido umbral de los 40 grados en los principales valles del suroeste, expandiendo progresivamente la masa de aire sofocante hacia el centro geográfico del país. Este comportamiento intermitente corrobora la tendencia climática actual, caracterizada por la sucesión de episodios caniculares cada vez más prematuros, recurrentes y severos a medida que se adentra el periodo estival.



