Un estudio del CSIC identifica las zonas exactas del Mediterráneo donde sobreviven los últimos tiburones

Un equipo del ICM-CSIC y el MNCN-CSIC acaba de cartografiar los refugios exactos donde se alimentan, reproducen y migran los tiburones más amenazados del Mediterráneo. Esto cambia todo lo que sabíamos sobre cómo protegerlos antes de que sea demasiado tarde.

Las poblaciones de tiburones del Mediterráneo han caído entre un 70 y un 90 % en solo cincuenta años. Son cifras que deberían alarmarnos, pero que hasta ahora chocaban con un problema concreto: nadie sabía exactamente dónde buscarlos. Un estudio publicado en mayo de 2026, liderado por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), acaba de resolver esa pregunta con una precisión sin precedentes. El Mediterráneo occidental español tiene tres zonas críticas que los científicos ya pueden poner en el mapa.

El trabajo se enmarca en el proyecto COTI, financiado por la Fundación Biodiversidad y cofinanciado por la UE, y ha rastreado el litoral desde Blanes hasta Cartagena combinando marcaje satelital de ejemplares vivos con análisis genéticos de especies como la tintorera, el marrajo y el pez espada. El resultado es el diagnóstico más completo que existe sobre dónde sobreviven —y por qué— los grandes depredadores del Mediterráneo.

Los tres refugios del Mediterráneo que el CSIC pone en el mapa

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El estudio señala tres enclaves del litoral mediterráneo español donde se concentran funciones ecológicas vitales para estas especies: los cañones submarinos de la costa catalana, las aguas del golfo de Alicante y la costa de Almería. No son puntos elegidos al azar. Son los lugares donde los tiburones comen, se reproducen y trazan sus rutas migratorias, lo que los convierte en candidatos prioritarios para nuevas áreas marinas protegidas.

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Joan Navarro, investigador del ICM-CSIC y responsable del proyecto, lo resume así: conocer cómo se mueven estas especies en el Mediterráneo y qué zonas resultan clave para su conservación es el primer paso para diseñar medidas que funcionen de verdad. Sin ese mapa, cualquier política de protección es un disparo a ciegas.

La tintorera: el tiburón del Mediterráneo que se come sin saberlo

La tintorera (Prionace glauca) es la protagonista más visible del estudio. Esta especie, también conocida como tiburón azul, es el elasmobranquio más capturado del mundo —más de diez millones de ejemplares al año— y uno de los depredadores pelágicos más amenazados del Mediterráneo. Aparece en los mercados con nombres como "cazón" o "pez", y muchos consumidores la comen sin tener idea de que está en la lista de especies en regresión.

El seguimiento satelital del proyecto COTI se centró especialmente en la tintorera, junto al bocadulce o cañabota gris, y confirmó que sus movimientos en el Mediterráneo son mucho más complejos de lo que se asumía. Los individuos no pasan: se quedan, buscan alimento en zonas concretas y vuelven. Eso significa que su protección depende de proteger esos lugares específicos.

Satélites y ADN: así se rastrean los tiburones del Mediterráneo

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El equipo combinó dos metodologías complementarias para obtener una imagen completa. Por un lado, implantó emisores satelitales en ejemplares de tintorera, cañabota gris y pez luna, capturados y liberados con la colaboración activa del sector pesquero. Por otro, analizó muestras genéticas de tintorera, marrajo y pez espada para determinar si las poblaciones del Mediterráneo son genéticamente continuas o están fragmentadas.

Esa segunda pata del estudio es especialmente relevante, porque la conectividad genética define la escala a la que hay que actuar. Si un tiburón del Mediterráneo y otro del Atlántico pertenecen a la misma población, proteger solo las aguas españolas no es suficiente; hay que pensar en acuerdos internacionales. Y si, por el contrario, son grupos distintos, las medidas locales tienen un impacto directo e inmediato.

Pesca y conservación: el pacto que lo cambia todo

Por qué el sector pesquero es parte de la solución

El proyecto COTI no funcionó solo desde los laboratorios. Los pescadores participaron en la localización, captura y liberación de los ejemplares marcados, y en la recopilación de muestras biológicas. Esta alianza entre ciencia y pesca artesanal es uno de los grandes valores del trabajo, porque convierte a quienes antes podían ser vistos como parte del problema en agentes activos de la conservación.

Las capturas accidentales, el mayor enemigo invisible

La principal causa de mortalidad no natural de los tiburones del Mediterráneo no es la pesca dirigida, sino la captura accidental por palangres y artes de arrastre. Los tiburones pelágicos comparten hábitat con especies comerciales de gran valor —pez espada, atún—, lo que convierte cada lance en una lotería para la biodiversidad. El estudio propone diseñar áreas de gestión pesquera basadas en la presencia estacional de estos animales, reduciendo así la probabilidad de encuentros mortales.

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El futuro: áreas protegidas basadas en datos reales

Los datos del CSIC sobre el Mediterráneo abren una ventana de oportunidad que no existía hace apenas dos años. Gracias al mapeo de zonas críticas como los cañones catalanes o el golfo de Alicante, las administraciones tienen ahora una base científica sólida sobre la que diseñar reservas marinas que no sean solo papel mojado. Elena Fernández, investigadora del ICM-CSIC, lo dice con claridad: disponer de datos sobre movimientos y conectividad es esencial para avanzar hacia medidas de conservación más eficaces.

El Mediterráneo actúa como un punto caliente de biodiversidad para tiburones y rayas, y España alberga algunos de sus refugios más importantes. Si se consolida la colaboración entre ciencia, sector pesquero y administración —el modelo que ha probado funcionar en el proyecto COTI—, hay razones reales para el optimismo. Los tiburones llevan sobreviviendo cuatrocientos millones de años; la pregunta es si este mar, con nuestra ayuda, puede darles unos cuantos millones más.