El Homo erectus dominaba el fuego oportunista hace más de un millón de años

Un nuevo análisis no invasivo revela que transportaban y mantenían el fuego dentro de la cueva de Wonderwerk, pero no sabían producirlo. Te contamos cómo lo han descubierto y por qué cambia la cronología de una de las grandes revoluciones humanas.

Imagina que estás en la sabana, ves un rayo incendiar un árbol y, en vez de salir corriendo, coges una rama en llamas y te la llevas a la cueva. Algo muy parecido hacía nuestro ancestro el Homo erectus hace más de un millón de años: no sabía producir fuego, pero ya lo dominaba de forma oportunista. Y un nuevo estudio acaba de demostrarlo sin tocar un solo hueso.

La cueva de Wonderwerk, en Sudáfrica, ha guardado este secreto durante casi dos millones de años. Un equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad de Toronto ha analizado restos de micromamíferos del estrato 11 del yacimiento. Su conclusión, publicada en PLOS ONE, es tan rotunda como fascinante: aquellos homínidos transportaban fuego desde el exterior y lo mantenían vivo en el interior de la cueva, a 30 metros de la entrada, durante decenas de miles de años.

La clave está en los huesos diminutos

¿Cómo se puede afirmar algo así sin haber visto una cerilla ni un trozo de carbón? Gracias a una técnica de luminiscencia no invasiva, portátil y de bajo coste, que detecta si un hueso ha estado expuesto a altas temperaturas. Básicamente, iluminas el fósil con una luz especial y, si fue quemado, lo sabes al instante. Así han identificado que en algunas zonas de la cueva el 100 % de los huesecillos de micromamíferos presentaban señales de combustión.

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Estos huesos no eran restos de comida. Procedían de egagrópilas, esas bolas compactas que regurgitan las rapaces con pelo y huesos no digeridos. La cueva lleva ocupada por lechuzas desde entonces, así que el suelo debió de ser una auténtica alfombra de egagrópilas. Y esa alfombra, como si fuera lana prehistórica, permitía que el fuego se mantuviera al ralentí: no se extendía, ardía justo donde lo dejabas, consumiendo los restos orgánicos durante horas.

El fuego no fue un fenómeno puntual: lo trajeron, lo conservaron y repitieron la jugada durante decenas de miles de años.

Un fuego que duró milenios (literalmente)

Los investigadores encontraron evidencias de fuego en varios niveles estratigráficos separados por largos períodos de tiempo. Eso descarta que fuera un incendio natural casual. 'El fuego no fue un fenómeno puntual porque aparece en distintos niveles, separados por decenas de miles de años, lo que refuerza la idea de que ya sabían transportar y mantener el fuego en espacios protegidos', explica Yolanda Fernández-Jalvo, investigadora del MNCN. Lo traían desde fuera, probablemente de rayos o incendios espontáneos, y lo cuidaban como un tesoro.

Este contexto elimina la ambigüedad de otros yacimientos donde los huesos quemados podrían proceder de la cocción de alimentos. Aquí no hay duda: los homínidos no cocinaban, solo mantenían el fuego por el calor, la luz y la protección que les daba. 'Apunta a un uso oportunista del fuego, probablemente traído desde el exterior y mantenido dentro de la cueva hasta que se extingue', añade Michael Chazan, codirector del proyecto.

¿Y esto qué cambia en la historia del fuego?

Hasta ahora, el control del fuego por parte del género Homo se databa en aproximadamente un millón de años, en el mismo yacimiento. Este nuevo estudio lo retrasa hasta entre 1,07 y 1,79 millones de años, en pleno Pleistoceno temprano. No es solo una cifra mayor: implica que el comportamiento de transportar y mantener fuego fue anterior a la capacidad de producirlo. Un paso intermedio que nos humanizó antes de lo que creíamos.

El fuego dio calor en las noches frías, ahuyentó depredadores y alargó las horas de luz. Pero cocinar los alimentos fue una revolución posterior que disparó el tamaño cerebral. En Wonderwerk no hay rastro de cocina, pero sí de una interacción deliberada y repetida con las llamas. Nuestro antepasado no dominaba el fuego como un mago, sino como un gestor prudente: lo cogía prestado y lo mimaba para que no se apagara.

🧠 Para soltarlo en la cena

Controlaban el fuego traído de fuera sobre una alfombra de egagrópilas.