La visita de Paz Padilla a 'El Hormiguero' este martes no fue una promoción editorial al uso. La gaditana, que acudía al espacio de Pablo Motos para presentar su nueva obra, 'Alzar el duelo', terminó protagonizando uno de los momentos más impactantes de la temporada televisiva. Ante una audiencia expectante, la humorista decidió que era el momento de verbalizar un trauma que ha cargado en solitario durante más de cuatro décadas: una agresión sexual sufrida en su adolescencia por alguien de su entorno íntimo.
Con la honestidad que la caracteriza, pero bajo un tono de evidente seriedad, Padilla explicó que la redacción de este libro fue el motor que la empujó a no callar más. Lo que comenzó como un análisis sobre cómo gestionar la pérdida de seres queridos derivó en la confesión de una herida que, según sus palabras, le "destrozó la vida".
El trauma oculto de Paz Padilla y su parálisis emocional

Durante la conversación, la actriz detalló que el suceso ocurrió cuando apenas era una niña. La gravedad del relato aumentó al revelar que el agresor era un adulto plenamente integrado en su vida cotidiana. “Sufrí un abuso con 14 años por parte de una persona muy cercana a mi familia”, confesó. La presentadora subrayó la sensación de vulnerabilidad que sintió al verse traicionada por alguien de confianza: “Nunca pensé que eso me podía suceder con alguien que entraba y salía de mi casa constantemente”.
Este episodio de violencia quedó sepultado en su memoria debido a un mecanismo de defensa psicológico. Paz Padilla narró cómo su mente bloqueó lo ocurrido para permitirle seguir adelante, aunque el cuerpo terminó por pasarle factura años después. “Tenía una imagen que me vino muchísimos años después, porque había bloqueado el trauma. Con el tiempo me venían flashes, me daban taquicardias y yo pensaba que eso no era real”, explicó, describiendo un proceso de aceptación tardío pero necesario para su salud mental.
El peso del silencio frente a su madre y la autoinculpación

Uno de los aspectos más dolorosos de su testimonio fue la razón por la cual decidió no pedir ayuda en su momento. La humorista reconoció que el miedo a causar un dolor irreparable en su hogar la mantuvo callada. “Nunca se lo conté a mi madre. Pensé que ella iba a sufrir mucho y a pensar que tenía que haberlo evitado”, admitió.
La culpabilidad, un sentimiento común en las víctimas de este tipo de delitos, fue su compañera durante décadas. En el plató de Antena 3, reflexionó sobre ese estigma interno que impide denunciar: “No se lo cuento a nadie porque aparece la culpa. Me culpaba por no haber gritado, por no haberme resistido. Tampoco lo conté por la vergüenza, porque la gente te mira con pena y no me gusta”. Esta barrera emocional, según la invitada, es lo que hace que las heridas tarden tanto en cicatrizar.
Anna Ferrer: El espejo que activó la sanación de Paz Padilla

El punto de inflexión en esta historia de superación personal llegó cuando su hija, Anna Ferrer, alcanzó la edad crítica de los 14 años. Ver a su hija en la misma etapa vital en la que ella fue agredida le dio la fuerza para hablar. Entendió que su experiencia debía servir de escudo para su descendencia.
“Una de las primeras personas a las que se lo conté fue a mi hija cuando cumplió la misma edad que yo tenía entonces. Le dije ‘Ana, no quiero que te suceda esto, pero si te pasa, nunca dejes de acudir a mí. No quiero que te sientas tan sola como me sentí yo’”, relató conmovida. Este paso fue fundamental para que la humorista dejara de verse a sí misma con ojos de juez y empezara a verse como lo que realmente fue: una víctima. “Empiezo a sentirme como la víctima y entiendo que la culpa no era mía. Empecé a sanar y se lo conté a ella. Me perdoné a mí misma”, sentenció.
Aprender a vivir tras la muerte: Las lecciones de 'Alzar el duelo'

Más allá del trauma adolescente, el eje central de la entrevista fue la gestión de la muerte, un tema que Paz Padilla domina tras las pérdidas de su marido y, más recientemente, de su hermano Luis. Para la escritora, el duelo no se supera, sino que se integra. Aseguró que incluso hoy necesita releer sus propios consejos: “Está todo lo que he aprendido y hay que volver a leerlo constantemente. En cada duelo se olvida lo anterior y tienes que volver a prepararte”.
La gaditana recordó con crudeza cómo el estrés emocional se manifestó físicamente el día que falleció su esposo, Antonio Juan Vidal. “Por la tensión, el miedo, la inseguridad, el querer ayudar y no saber cómo... Debe de ser que yo apretaba los dientes y se me partieron dos muelas”, recordó. También abordó lo traumático que resulta vaciar una casa de los recuerdos materiales, siguiendo los consejos de los expertos para poder avanzar. “Es uno de los momentos más difíciles, porque le ponemos una carga emocional a un trapo. Yo lloraba y lloraba”, confesó sobre el proceso de repartir la ropa de su difunto marido.
Fiel a su filosofía de que la risa es la mejor medicina, Paz Padilla defendió que el humor es vital para la supervivencia emocional. “Es una emoción y, como todas, es adaptativa. El duelo no es un estado, es un proceso. Entras de una manera y sales de otra. De ti depende cómo salir”, explicó a Pablo Motos. Incluso al hablar de su hermano Luis, fallecido el pasado octubre, prefirió rescatar un recuerdo alegre de su último viaje a Nepal.
“Mi hermano fue con la misión de comprar viagra que le habían encargado todos sus amigos. No sé cuántas cajas nos llevamos. Ahora recuerdo ese viaje y digo ‘qué bonito que me fui con mi hermano’”, relató despertando la sonrisa del público. Para finalizar, dejó una nota de ligereza al declarar su admiración platónica por el Rey Felipe VI, asegurando que le transmite tranquilidad y cercanía. Sin embargo, el mensaje final de su intervención fue una llamada a la acción para cualquier persona que sufra en silencio: “Tenemos que pedir ayuda, porque el tiempo no lo cura”.



