"Ya no vive en el presente": Pilar Eyre revela el delicado estado de la Reina Sofía y sus constantes olvidos.

- La cronista Pilar Eyre lanza una advertencia sobre la salud de Doña Sofía.
- Entre pérdidas de memoria y una profunda soledad, la reina se refugia en el pasado mientras su entorno en Zarzuela observa con preocupación cómo se apaga la mujer que lo aguantó todo.

Pilar Eyre, una de las cronistas más respetadas de la Casa Real, ha vuelto a encender las alarmas sobre el estado de salud de la Reina Sofía. En su última columna, Eyre dibuja un retrato melancólico y preocupante de la madre de Felipe VI, asegurando que la emérita "no levanta cabeza" y que atraviesa un momento de fragilidad mental marcado por las "pérdidas y ausencias".

Según la experta, la Reina Sofía ya no es la mujer imperturbable que conocíamos. A sus 87 años, los estragos del tiempo y, sobre todo, la soledad emocional, parecen haber hecho mella en ella. Eyre describe situaciones en las que la reina se muestra desorientada, con lapsus de memoria que la llevan a "vivir en el pasado", refugiándose en sus recuerdos de juventud y en su familia griega, mientras el presente se le escapa entre las manos. Este deterioro no sería solo físico, sino anímico, provocado por una vida de sacrificios y la progresiva desaparición de su círculo de confianza más íntimo.

El crepúsculo de la Reina Sofía: Un análisis profundo de su fragilidad según Pilar Eyre

La Reina Sofía siempre ha sido el "pilar de granito" de la monarquía española. La mujer que aguantó estoicamente las humillaciones públicas, la que mantuvo la institución unida en los momentos más oscuros y la que nunca permitió que un gesto de tristeza empañara su labor institucional. Sin embargo, ese granito parece estarse agrietando. Pilar Eyre, con su habitual agudeza, nos presenta en 2026 una realidad que Zarzuela intenta maquillar: la Reina Sofía se está apagando.

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El refugio en el ayer: Cuando el presente duele

Uno de los puntos más desgarradores del relato de Eyre es la tendencia de la emérita a evadirse de la realidad actual. Tras la muerte de su hermano Constantino de Grecia y el delicado estado de salud de su hermana Irene (su sombra y compañera de vida), Sofía se ha quedado sin sus referentes vitales. "Vive en el pasado porque el presente ya no le ofrece nada", sugiere la cronista.

Estas "ausencias" a las que se refiere Eyre no son solo momentos de distracción, sino una desconexión progresiva con el entorno. La reina busca consuelo en fotografías antiguas, en llamadas a sus parientes en el extranjero y en una rutina que se repite de forma casi mecánica. En los actos públicos, aunque mantiene la elegancia, sus ojos parecen mirar hacia un lugar que ya no existe, una señal clara de que su mente está buscando refugio donde todavía se sentía protegida.

La soledad en el Palacio de la Zarzuela

A pesar de estar rodeada de personal y de vivir en un palacio, la soledad de la Reina Sofía es, según Eyre, abrumadora. La relación con el Rey Juan Carlos, exiliado en Abu Dabi, es puramente protocolaria y distante. Con la Reina Letizia mantiene una cordialidad gélida que solo se rompe para las fotos oficiales. Sus nietas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, tienen sus propias vidas y responsabilidades, lo que deja a la abuela en un segundo plano cada vez más aislado.

Eyre destaca que estas "pérdidas" no son solo de personas, sino de funciones. Al verse apartada de la agenda oficial más relevante, la reina siente que ha perdido su propósito. Para alguien que ha vivido "por y para la corona", la falta de actividad es el veneno más lento. Sin el peso de la corona sobre sus hombros, lo que queda es una anciana que extraña a sus hermanos y que se siente extranjera en su propia casa.

¿Qué dice la Casa Real?

Zarzuela, como es habitual, guarda un silencio absoluto sobre la salud mental de la emérita. Se limitan a informar de su presencia en actos benéficos o conciertos, donde la puesta en escena intenta proyectar una imagen de normalidad. Sin embargo, los observadores más atentos coinciden con Eyre: los movimientos de la reina son más lentos, su mirada es más huidiza y sus respuestas, a veces, carecen de la agudeza que la caracterizaba.

La preocupación es real. Si la Reina Sofía, el último símbolo de la "vieja guardia", flaquea, se cierra definitivamente una etapa de la historia de España. Pilar Eyre nos advierte de que el final de este reinado personal está cerca, no por una cuestión de títulos, sino de vitalidad.

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