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Ingenieros forestales replantean el futuro del arbolado urbano tras ‘Filomena’

Ingenieros forestales han replanteado el futuro del arbolado urbano tras los elevados daños dejados por la borrasca Filomena y el cambio climático, dado que sus efectos en las ciudades pueden poner “en muchas dificultades a numerosas especies de aquí a 50 años”, ha informado el colectivo en un comunicado.

El árbol es el elemento fundamental en las ciudades para asegurar la calidad ambiental y, por tanto, el bienestar de los ciudadanos. De ahí la enorme importancia de los daños provocados por el temporal que ha azotado la región.

A la hora de plantear soluciones, el colectivo ha subrayado que es importante hacer “una evaluación profesional minuciosa del estado de situación del arbolado afectado, valorar la viabilidad de cada ejemplar de cara a su posible conservación, y en los casos en los que no sea posible dicha conservación, trabajar en una estrategia de nueva plantación teniendo en cuenta los nuevos escenarios a los que nos venimos enfrentando, como el cambio climático”.

“El número de árboles a plantar deberá ser al menos la suma de árboles perdidos (por muerte o eliminación), sin tener en cuenta la apertura de nuevos puntos de plantación y la clausura de otros”, han señalado. Pero antes de nada, han recalcado que hay que eliminar cualquier tipo de riesgo provocado por la gran nevada antes de pensar en recuperar el patrimonio arbóreo perdido.

PODAN NECESARIAS

Se tiene que proceder a la retirada de árboles caídos y realizar las podas de emergencia que los técnicos crean necesarias. Son centenares de miles los árboles con daños leves, graves y muy graves a los que debe realizarse una valoración técnica por un técnico competente como son los Ingenieros Técnicos 2 2 Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal, del mismo modo que los Arquitectos e Ingenieros de diversas ramas supervisan los edificios e infraestructuras después de un terremoto.

Una vez realizado el análisis pormenorizado de la situación, ciertos árboles, sobre todo los de mayor porte, pese a haber perdido parte de su copa, con toda seguridad podrán mantenerse.

“En cambio, lamentablemente, habrá un porcentaje de ellos que deban ser sustituidos, debido a sus pocas posibilidades de persistencia y puesto que su estabilidad podría verse comprometida por el alto riesgo que representan para la seguridad de los ciudadanos y sus bienes”, agregan.

El colectivo ha señalado que la seguridad del patrimonio arbóreo en las vías públicas, espacios ajardinados, incluso propiedades privadas con arbolado particular compete normativamente a los organismos públicos y debe ser ahora mismo la prioridad de los técnicos y responsables políticos.

Dependiendo de la fase de vida en la que se encuentre el árbol tendrá unas necesidades concretas y reaccionará de diferente forma frente a unas mismas condiciones externas como las sufridas y, por tanto, habrá que determinar las distintas labores o tratamientos a realizar según cada momento de su vida.

Pese a ello, han subrayado que no se debe caer en el error de pensar que la poda es la solución a los problemas generados. “Eliminar ramas se traduce en eliminar superficie arbórea, volumen de copa, y en definitiva, potencial ecosistémico de cara a nuestra salud y a la del resto de seres vivos que cohabitan en un mismo territorio”, han señalado.

Por ello, han incidido en que es el momento de “buscar oportunidades y de resaltar los beneficios ecosistémicos que ofrece el arbolado, sobre todo en entornos urbanos”.

“Desde la reducción considerable de la temperatura, el secuestro de CO 2 , la mejora de la calidad del aire actuando como filtros para contaminantes y pequeñas partículas (óxido de nitrógeno, amoniaco, dióxido de azufre y ozono), la captación de polvo, la protección frente a rayos UV, así como el importante papel que tienen estos seres vivos como reservorio de biodiversidad”, enumeran.

Filomena debe suponer “una oportunidad para que los ayuntamientos en las zonas más afectadas por las nevadas aprovechen la ocasión para acometer una renovación ordenada del arbolado mirando al futuro, ya que los efectos del cambio climático en las ciudades pueden poner en muchas dificultades a numerosas especies de aquí a 50 años”.