Hay pueblos que merecen el desvío y Camariñas es uno de ellos. En el centro de esta localidad de la Costa da Morte, el restaurante Agocho do Bico abrió en febrero de 2026 con una idea sencilla: pescado salvaje, cocina sin artificios y precios que no asustan.
Agocho significa escondite o refugio en gallego, y el nombre le va al pelo. Detrás están Dani Rego, de 33 años y nacido en Camariñas, y Sara López, de 27 y llegada desde A Coruña. Los dos se formaron en el Centro Superior de Hostelería de Galicia y pasaron por salas y hoteles de Dallas, Múnich y Bilbao antes de volver a casa.
La historia arranca antes. En 2013, en plena crisis, los padres de Dani se hicieron cargo de la Taberna do Bico; en 2020, con la pandemia, la pareja regresó para echar una mano. Lo que parecía provisional se convirtió en en un proyecto de vida, con restaurante por un lado y habitaciones (Dobico Rooms) por otro.
Dónde está Agocho do Bico y por qué se habla tanto de él
La dirección es fácil de recordar: una casa de piedra en el centro de Camariñas, en la Praza de Colón, 5. Conserva las paredes originales y suma materiales cálidos, algo de arte y un comedor cómodo, con personalidad y sin recargar.
Abre todos los días salvo miércoles y jueves. Y esa decisión no es casual: quieren mantener el negocio abierto todo el año, también cuando el turismo se marcha. La desestacionalización, vienen a decir, empieza por no bajar la persiana en enero.
Comer bien en la Costa da Morte no va de manteles de lujo, sino de producto recién sacado de la lonja.
Qué se come en Agocho do Bico: del bonito de Burela al escabeche de lubina
La carta se parte en dos: «Nuestras elaboraciones», con platos de técnica y tiempo, y «Puro producto», donde mandan pescados y mariscos. Se puede combinar libremente, compartir o irse a por las raciones generosas del primer bloque. El pulpo nunca falta, porque Camariñas tiene una zona de pesca privilegiada.
Antes de nada, el pan. Lo sirven con una mantequilla de tomillo y limón que engancha, fragante y fresca, y que es la primera pista de que aquí hay más mundo del que parece: la madre de Dani es austriaca y algo de esa herencia se cuela en los lácteos y las hierbas.

El bonito de Burela se quedó en carta todo el verano y buena parte del otoño. Lo sirven marcado con una salsa de tomate, berenjena rayada y cilantro que nació de un error de pedido: Dani pidió mucha más berenjena de la necesaria e improvisó el acompañamiento. El resultado es un plato fresco en el que la salsa acompaña sin tapar al pescado.
También hay siempre alguna versión actualizada de esta técnica tradicional, con menos vinagre, porque hoy ya no hace falta conservar: se busca respetar el sabor del producto. Probamos uno de lubina salvaje, pensado para dar salida a piezas grandes que no encajan en mesas de dos.
La pasta fresca rellena es otra de las habituales. La de nuestra visita, de cabrito de Buría con espinacas, cuesta 24 euros y sale con la pasta bien trabajada y el relleno sabroso.
Cuánto cuesta comer aquí (y por qué el pescado no es tan caro)
En «Puro producto» aparecen berberechos a la sartén (25 euros), chipirones de potera (27 euros) y pescados salvajes que se cobran por peso: lubina, sanmartiño, rodaballo, besugo o palometa roja, entre 73 y 120 euros el kilo en la carta que vimos durante la visita.
Puede sonar alto, pero ahí está la clave: al tomar la comanda te cuentan qué piezas hay y cuánto pesa cada una (un sanmartiño de 1,3 kilos, un rodaballo de 1,5, una lubina de 1,2). Así se calcula la cuenta antes de pedir. Dani asegura que los pescados son justo los platos con menos margen de beneficio.
Y no hace falta pedir pescado entero. Se come bien por menos de 35 euros por persona compartiendo dos elaboraciones (entre 14 y 24 euros) y unos chipirones, con sitio de sobra para bebida y postre. Los precios y la disponibilidad cambian según mercado y temporada, así que conviene confirmarlos en el propio local.
Los detalles rematan la faena: café de filtro de especialidad de Astro por 1,80 euros, copa de vino AAA de Albamar por 4, agua a 1,50 y postres por debajo de los seis. Probamos unas peras al vino con crema de queso fresco y kéfir, de dulzor contenido y acidez láctica muy agradable.
Que la gente vuelva dice mucho. Según sus propios datos, un 60% de los clientes ya había comido allí antes, y los fines de semana ese porcentaje sube al 80%. Para un local que abrió sus puertas en febrero, es una fidelidad considerable.
Si preparas una escapada otoñal por A Coruña, apunta el nombre y no lo dejes para el último minuto: mejor reservar, sobre todo en fin de semana, y guardar hueco para el postre. Comer bien, bonito y barato también existe en la Costa da Morte.
🍽️ La ficha foodie
- 🏠 Local / Establecimiento: Agocho do Bico.
- 📍 Ubicación: Praza de Colón, 5, Camariñas (A Coruña).
- 🍴 Tipo de comida / Especialidad: Pescado salvaje de lonja y cocina gallega con guiños centroeuropeos.
- 💰 Precio medio: 35-40 € por persona, bebida aparte; cierra miércoles y jueves.



