3Laguardia y la Rioja Alavesa (Álava): el otoño del vino, cuando el viñedo aguanta el color hasta noviembre
La Rioja Alavesa es la única comarca de la lista donde el otoño no se mide en hojas sino en parcelas: con cerca de 300 bodegas y 12.934 hectáreas de viñedo, según los datos de Álava Turismo, el mosaico de variedades y altitudes hace que el color llegue escalonado y aguante más que en otras zonas. El tempranillo y la garnacha tiran a rojo y granate; la viura se queda en amarillo. La ventana habitual va de mediados de octubre a mediados de noviembre, pero una helada temprana o dos días de cierzo pueden dejar las cepas desnudas en una semana, así que conviene subir en cuanto aparezca el primer rojo. Las parcelas de altura y las del sur de la comarca, junto a la Sierra de Cantabria, son las últimas en soltar la hoja: ahí el paisaje se sostiene ya entrado noviembre, con la sierra nevada al fondo y los chozos de piedra —los guardaviñas— marcando las laderas.
El pueblo es la base perfecta para gastar poco y andar mucho. Laguardia es una villa amurallada de trazado medieval, con cinco puertas y tres calles alargadas, cerrada al tráfico para no dañar lo que hay debajo: centenares de calados y cuevas familiares excavadas a unos ocho metros, muchas visitables. El pórtico gótico policromado de Santa María de los Reyes se ve con visita guiada por unos pocos euros, y el estanque celtibérico de La Barbacana —un depósito de hace unos 2.100 años con capacidad para 300.000 litros— se recorre bajo tierra. Las visitas a bodegas arrancan en torno a los 13 euros y llegan a 35 en las más grandes, de modo que dos noches en una pensión del casco o en Labastida, Samaniego o Elciego, con cata, pintxos y una ruta por el complejo lagunar, caben en el presupuesto. Está a 19 kilómetros de la estación de Logroño y a un paso de las bodegas de Calatrava y Gehry.
