Las 4 veces en que Felipe VI dejó a un lado el papel institucional para reaccionar como padre

Felipe VI ha construido su imagen pública sobre la contención: gesto medido, palabra justa y una distancia calculada que forma parte del oficio. Esa coraza institucional se ha resquebrajado en contadas ocasiones, y casi siempre por el mismo motivo: sus hijas. Esta lista reúne cuatro de esos momentos, escogidos por su carga simbólica y por la nitidez con que quedaron registrados, en vídeo o por escrito. No son anécdotas de agenda, sino escenas en las que el jefe del Estado cedió el paso al padre.

Hablamos de actos de máxima formalidad donde un gesto mínimo significa mucho. Un brindis con los ojos vidriosos y besos lanzados al aire, unas medallas recién impuestas, un percance con una condecoración. Del cumpleaños en que Leonor recibió el Toisón, con 12 años, a la jura de la Constitución en el Congreso, el recorrido acompaña el tránsito de Leonor y Sofía del ámbito privado a la vida pública.

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Los dos besos tras la primera reverencia: el Toisón de Oro de 2018

El percance con el Toisón de Oro antes de comenzar el desfile
El percance con el Toisón de Oro antes de comenzar el desfile - Casa de S.M el Rey

El 30 de enero de 2018 Felipe VI cumplía 50 años y eligió celebrarlo en el Salón de Columnas del Palacio Real imponiendo a Leonor, de 12 años, el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro. Era el primer acto institucional en el que la heredera tenía el protagonismo absoluto, con los poderes del Estado delante —Rajoy, Ana Pastor, Pío García-Escudero, Carlos Lesmes— y unos 80 invitados, entre ellos los reyes eméritos. El rey prendió en el vestido azul celeste de su hija el lazo con la miniatura del vellocino —el collar completo, el que fue de Juan de Borbón, quedó expuesto en una mesa por su peso— y ahí se rompió la rigidez: le retiró el pelo, le acarició la mejilla y le preguntó si todo iba bien. En apenas unos segundos, padre e hija se dieron dos besos y ella hizo su primera reverencia pública de la vida, mirándole a los ojos y con una sonrisa que las crónicas de la jornada describieron como pura complicidad.

Lo que hace este momento merecedor de la lista es que el protocolo exigía justo lo contrario. El Toisón es una orden de caballería casi seiscentista, el acto se celebraba donde Juan Carlos I firmó su abdicación y el guion reservaba al monarca el papel de Gran Maestre que impone una distinción, no el de un padre que abraza a su hija delante de las cámaras. Felipe VI cumplió con el ceremonial, pero su discurso se desvió hacia el terreno personal: «Confío en ti plenamente y me siento enormemente orgulloso de haberte entregado esta mañana el Collar», dijo antes de cerrar con un «felicidades, Leonor» que no figuraba en ningún manual de la Jefatura del Estado. La imagen que quedó —la reverencia sostenida entre las manos del padre, los dos besos y la sonrisa de una niña de doce años en su debut— acabó pesando más que el mensaje constitucional de la jornada. Aquel día, además, la Familia Real al completo posó junta por primera vez en un acto oficial del reinado, pero el gesto que se recordó fue el de un rey agachado a la altura de su hija.