El cambio de hora de octubre llega la madrugada del sábado 24 al domingo 25. Esa noche, a las 3:00 serán las 2:00 en toda España. Los relojes retroceden sesenta minutos y el horario de invierno se queda, al menos, durante prácticamente seis meses.
Al igual que quien esté despierto en la península a las tres de la madrugada verá cómo el reloj vuelve a marcar las dos, en Canarias el mismo movimiento se produce una hora antes. Como ya sabes de sobra, móviles, ordenadores y televisiones conectadas cambian solos, pero los relojes de agujas, no, y los de los coches sin conexión a red tampoco.
A partir de ese momento, las tardes pierden casi una hora de luz de golpe y las mañanas ganan ese mismo tiempo. El sol saldrá antes y se pondrá antes, una diferencia que se nota sobre todo al salir del trabajo o del instituto, cuando ya es de noche. El horario de invierno se mantiene hasta el último domingo de marzo, cuando los relojes vuelvan a adelantarse.
El cambio de hora no cambia el precio de la luz
Hay que decir que el cuerpo lo nota. En la práctica, el cambio toca rutinas muy concretas como la hora a la que se enciende la calefacción ahora que ha llegado el fresquito, la vuelta a casa de los escolares o la visibilidad de los peatones en los trayectos de tarde.
En realidad, afecta a todo el mundo, aunque los turnos de noche y las familias con niños lo notan más: personal sanitario, transportistas, hostelería y quienes madrugan. También el comercio, que ve cómo el flujo de clientes se desplaza una hora, y la seguridad vial, porque con más oscuridad a la salida del colegio los peatones son menos visibles.
También el sueño, porque dormir una hora más durante una sola noche no descoloca el reloj biológico, pero los estudios sobre ritmos circadianos apuntan a varios días de adaptación, especialmente en niños y personas mayores.

Conviene saber también qué no cambia, aunque sean cosas que la gente piensa que sí. De por sí, la factura eléctrica no baja por retrasar el reloj, aunque el consumo se desplaza porque las luces se encienden antes y la demanda se concentra en otra franja del día. Los operadores del sistema ajustan cada año sus previsiones con este movimiento, y las comercializadoras no modifican sus tarifas por ello.
Discusión y falta de consenso en Bruselas
En cualquier caso, hay que recordar que la UE mantiene fijado el calendario de cambios horarios hasta 2031, así que el mecanismo de dos ajustes al año (último domingo de marzo y último domingo de octubre) seguirá vigente.
Los rifirrafes vienen de lejos porque, en 2018, la Comisión Europea propuso suprimir los cambios tras una consulta pública en la que la mayoría de los participantes se decantó por un horario fijo. Un año después, el Parlamento Europeo respaldó la idea. El Consejo, donde se sientan los gobiernos, nunca ha cerrado una posición común, y sin ese acuerdo la supresión no puede salir adelante.
El calendario europeo ya está cerrado hasta 2031 y los dos ajustes anuales seguirán adelante pese al debate político sobre su supresión
El resultado es, por tanto, una situación que se renueva año tras año y en España debemos atender al Ministerio para la Transición Ecológica, que publica cada año la información oficial sobre el cambio de hora. Si algún día se acaba el sistema, cada país podrá elegir qué hora prefiere... hasta entonces, la fecha la marca la normativa comunitaria, y queda claro que, por ahora, el calendario no se mueve.
Merece la pena recordar que España aplica el cambio de hora desde 1974, en plena crisis del petróleo, cuando media Europa buscaba recortar el consumo eléctrico adelantando los relojes. Más de cinco décadas después, el contexto es otro porque la iluminación pesa cada vez menos en el gasto de los hogares y el ahorro energético ya no es el argumento principal. Diversos análisis han señalado que el beneficio actual es limitado y que el verdadero valor está en la coordinación entre países.
Esa coordinación es, precisamente, lo que bloquea el cambio. Los Estados no se ponen de acuerdo en qué horario fijar, puesto que los del sur prefieren el de verano, los del norte el de invierno, y el transporte, la aviación y el comercio internacional necesitan que todos muevan las agujas a la vez. Mientras no haya consenso, Bruselas mantiene el calendario cerrado hasta 2031.
Lo importante para el ciudadano es que la mañana del domingo 25 regala una hora más de sueño, la tarde se hace corta de golpe y conviene revisar los temporizadores de la calefacción y el reloj del coche. El siguiente ajuste será el domingo 28 de marzo de 2027, cuando a las 02:00 pasen a ser las 03:00. Hasta entonces, el horario de invierno marcará el ritmo.



