1Signo de alerta 1: insomnio o sueño no reparador, con despertares angustiosos antes de ir a trabajar
Dormir mal tras las vacaciones no es, por sí solo, una señal de alarma. El insomnio afecta a entre el 20% y el 48% de los adultos, según la Sociedad Española de Neurología, así que lo relevante no es su frecuencia, sino su forma. El primer signo de alerta es un patrón concreto: acostarse cansado y no conciliar el sueño, despertarse varias veces o hacerlo demasiado pronto y llegar al amanecer con la sensación de no haber descansado. Ese sueño no reparador deja de ser anecdótico cuando los despertares vienen acompañados de angustia y se repiten la noche previa a la jornada laboral. Mientras el desajuste de horarios del verano suele ser pasajero, el que aparece cada noche antes de ir a trabajar apunta a una ansiedad anticipatoria: el sistema nervioso se mantiene en alerta, con el cortisol alto a horas en las que debería bajar, y la mente rumia el día siguiente en lugar de desconectar.
Ese patrón tiene consecuencias medibles: la falta de sueño sostenida deteriora la atención, la memoria y el tiempo de reacción, de modo que quien la arrastra comete más errores y asume más riesgos. En puestos que exigen precisión, conducción o manejo de maquinaria, esa merma es un problema de seguridad, no solo de bienestar. Por eso el insomnio mantenido, con la fatiga que impide rendir con seguridad, figura entre los síntomas que los médicos de atención primaria valoran al plantear una incapacidad temporal por ansiedad, y las revisiones insisten en que la terapia cognitivo-conductual es el abordaje de primera elección, por delante de los fármacos. El contexto lo refuerza: en 2024 se registraron más de 670.000 bajas por trastornos mentales y del comportamiento, el dato más alto de la última década, y su duración media es 2,5 veces superior a la del conjunto de las incapacidades temporales.
