1Dónde está la letra pequeña que importa: la lista de ingredientes, no el frontal del envase
El frontal del envase vende; la información que obliga la ley está detrás. Un análisis de la OCU cifra en un 30% el espacio del etiquetado dedicado a datos obligatorios —fecha de caducidad, lista de ingredientes, valores nutricionales— frente a un 70% reservado a mensajes publicitarios, y señala que esos datos suelen colocarse en la parte trasera o en los laterales. El resultado es que la mitad de los consumidores no leen con atención esa información cuando compran un producto por primera vez. El motivo principal es el tamaño de la letra, demasiado pequeña para el 52% de los encuestados, un porcentaje que sube al 70% entre los mayores de 60 años. Por eso conviene girar el envase: un frontal que anuncia "con aceite de oliva" puede esconder que ese ingrediente apenas representa el 0,38% del producto, un dato que solo aparece en la letra pequeña.
Esa letra pequeña es la lista de ingredientes, y su funcionamiento es sencillo una vez se conoce. Los ingredientes se enumeran en orden decreciente de peso, de modo que el primero es el mayoritario y los últimos —a menudo aditivos, aromas y azúcares añadidos bajo nombres como jarabe de glucosa o maltodextrina— delatan el grado de procesamiento. Los 14 alérgenos de declaración obligatoria (gluten, huevos, leche, frutos secos...) deben destacarse en negrita, mayúsculas o subrayado dentro de esa lista. El Reglamento (UE) 1169/2011 fija una altura mínima de letra de 1,2 milímetros —0,9 en envases de menos de 80 cm²—, un umbral que la OCU considera insuficiente y que reclama elevar a 3 milímetros. La información nutricional es obligatoria desde diciembre de 2016, pero el etiquetado frontal tipo Nutri-Score sigue siendo voluntario y, en ningún caso, sustituye a esa lista.
