Hay escapadas que se miden en horas de coche y en velas encendidas. Esta lista reúne seis destinos del norte de la Comunidad de Madrid y de su entorno segoviano pensados para dos: cascos medievales de piedra y pizarra, murallas que todavía ciñen el recinto urbano, hayedos, jardines de aire versallesco y mesas donde la cena se alarga sin prisa, ya sea a la luz de las velas o junto al fuego de una chimenea. Todas se resuelven en una noche o en un fin de semana.
El criterio es que el paseo y el mantel vayan juntos. Son lugares a los que se llega en poco más de una hora desde Madrid y en los que un recorrido a pie —entre cubiertas de lajas, bajo un hayedo o por un pinar— acaba en una mesa con encanto. Algunos tienen fecha fija, como Pedraza, que desde 1993 apaga el alumbrado para alumbrarse solo con velas los dos primeros sábados de julio, o el hayedo de Montejo, incorporado a la UNESCO en 2017. Otros ganan con el otoño, como La Herrería, Paisaje Pintoresco desde 1961.
5Patones de Arriba: pizarra negra, senda y cena con chimenea
Patones de Arriba es el ejemplo más rotundo de la arquitectura negra de pizarra en la Comunidad de Madrid: muros de mampostería y cubiertas de lajas oscuras, callejuelas enlosadas y empinadas que trepan por la ladera sin trazado ordenado, jalonadas por antiguos hornos de pan adosados a las casas, eras, tinados, el lavadero y la Fuente Nueva. Ese conjunto, nacido como poblado ganadero y escenario de la leyenda del "reino de Patones", fue declarado Bien de Interés Cultural en 1999 en la categoría de Conjunto Histórico. El municipio, a unos 60 kilómetros de Madrid y con alrededor de 536 habitantes censados, recibe cada año unos 200.000 visitantes, una presión que obligó a peatonalizar el casco: el acceso rodado está restringido a residentes acreditados y controlado por cámara desde 2022, con la carretera M-912 cortada a los visitantes los fines de semana.
El plan empieza aparcando en el disuasorio gratuito de Patones de Abajo y subiendo a pie por la Senda Ecológica del Barranco, un recorrido de unos 800 metros (entre 25 y 30 minutos) que remonta el arroyo de Patones encajonado entre paredes calizas, pasa bajo los acueductos y el sifón del Canal de Isabel II y desemboca a las puertas del casco. No es apta para carritos ni sillas de ruedas, y quien lo prefiera tiene un bus lanzadera que cubre el trayecto. Arriba, la recompensa es una sobremesa de chimenea: La Cabaña —abierta desde 1980, con menú en torno a 20 euros—, El Rincón de Patones, El Chiscón, El Bodegón, El Rey de Patones o La Taberna Real sirven migas, judiones, fabes, cabrito y carnes a la brasa en comedores de pizarra y madera con el fuego encendido en invierno. Conviene reservar mesa con antelación antes de subir.
