Escapadas para dos: cenas a la luz de las velas y paseos medievales

Hay escapadas que se miden en horas de coche y en velas encendidas. Esta lista reúne seis destinos del norte de la Comunidad de Madrid y de su entorno segoviano pensados para dos: cascos medievales de piedra y pizarra, murallas que todavía ciñen el recinto urbano, hayedos, jardines de aire versallesco y mesas donde la cena se alarga sin prisa, ya sea a la luz de las velas o junto al fuego de una chimenea. Todas se resuelven en una noche o en un fin de semana.

El criterio es que el paseo y el mantel vayan juntos. Son lugares a los que se llega en poco más de una hora desde Madrid y en los que un recorrido a pie —entre cubiertas de lajas, bajo un hayedo o por un pinar— acaba en una mesa con encanto. Algunos tienen fecha fija, como Pedraza, que desde 1993 apaga el alumbrado para alumbrarse solo con velas los dos primeros sábados de julio, o el hayedo de Montejo, incorporado a la UNESCO en 2017. Otros ganan con el otoño, como La Herrería, Paisaje Pintoresco desde 1961.

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San Lorenzo de El Escorial: La Herrería y la Silla de Felipe II en otoño

San Lorenzo del Escorial. Fuente: Patrimonio Nacional

La finca de La Herrería, propiedad de Patrimonio Nacional y declarada Paisaje Pintoresco en 1961 junto al pinar de Abantos, es el escenario que convierte el otoño en la mejor época para acercarse a San Lorenzo de El Escorial. Sus fresnedas, robledales de roble melojo y pubescente, castaños y arces de Montpellier se tiñen de ocres, dorados y rojizos, en un espacio integrado además en la Red Natura 2000 como parte del LIC Cuenca del Río Guadarrama. El paseo arranca en la ermita de la Virgen de Gracia, con zonas de aparcamiento junto a ella, y discurre por senderos suaves, aptos para familias, entre hojas que crujen bajo las botas y afloramientos de granito cubiertos de musgo. La luz baja del otoño y las primeras nieves en las cumbres redondean una estampa que cambia casi cada día.

El broche del recorrido es la Silla de Felipe II, un conjunto de plataformas y asientos tallados en el granito desde los que, según la tradición, el monarca seguía la marcha de las obras del Monasterio (1563-1584). Los especialistas apuntan, no obstante, a un posible altar veton anterior, lo que añade un punto de misterio al enclave. Desde arriba se dominan el Monasterio, el monte Abantos, las Machotas y el valle del Guadarrama. Se sube por la senda ecológica adaptada, de unos 1,5 kilómetros y sin apenas desnivel, jalonada con paneles informativos —también en braille—, o por rutas circulares de entre 4 y 6 kilómetros. Junto al mirador hay mesas de picnic y un bar; ya de vuelta al pueblo, la bizcotela es el dulce de rigor.