El dolor articular es una consecuencia de la evolución: por qué te duelen las articulaciones

Un estudio publicado en Nature apunta a que nuestro cartílago tiene un tercio menos de material que el de un chimpancé. El hallazgo abre una vía nueva para entender y tratar la artrosis.

Te duelen las rodillas al bajar las escaleras y la culpa no es tuya: es el precio que pagamos por caminar erguidos. Un estudio publicado en Nature apunta a que el dolor articular no es un defecto de fábrica, sino una consecuencia directa de la evolución humana.

Lo cuenta la Agencia SINC a partir del trabajo de un equipo internacional en el que participa el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF). La pregunta de partida es de las que te dejan pensando un rato: ¿por qué un chimpancé de 40 años salta de rama en rama y tú te quejas del lumbago con la mitad de la edad? La respuesta está en el cartílago.

Qué tienen los chimpancés que nosotros no tenemos (y no es la fuerza)

Los grandes simios casi nunca desarrollan osteoartritis. Ni chimpancés, ni gorilas, ni orangutanes, ni bonobos. Pueden llegar a viejos con las articulaciones bastante enteras, salvo que se hayan llevado un golpe serio. Nosotros, en cambio, somos campeones del desgaste: afecciones como la osteoartritis o artrosis son una de las principales causas de discapacidad del mundo y afectan a cientos de millones de personas.

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Para entender el porqué, el equipo hizo algo bastante ingenioso: crear células híbridas de humano y chimpancé y analizarlas con técnicas genómicas avanzadas. Así levantaron el primer atlas exhaustivo de las regiones del genoma que regulan cómo se construye nuestro esqueleto frente al de nuestros parientes vivos más cercanos. Y ahí apareció la diferencia gorda.

Las moléculas de GAG no han cambiado nada en toda la evolución humana. Lo que ha cambiado es la cantidad que fabricamos. Esos glicosaminoglicanos son unas moléculas que retienen agua y le dan elasticidad al cartílago, y en los humanos todo un grupo de genes encargados de producirlos trabaja bastante menos que en los simios. Resultado: nuestro cartílago tiene un tercio del material que el suyo.

El cartílago no se regenera: cada década de uso va vaciando una reserva que ya nace escasa.

Menos cartílago significa menos amortiguación. Los huesos empiezan a rozarse entre ellos y ahí arranca la fiesta: osteoartritis, discos vertebrales degenerados, hernias discales. Cosas que, insisten los autores, son rarísimas en otros grandes simios incluso en la vejez.

Un tercio de cartílago: el dato que lo explica casi todo

Fumitaka Inoue, de la Universidad de Kioto y coautor del trabajo, lo dice sin rodeos: nacemos con mucho menos cartílago y por eso somos menos eficaces amortiguando. Y como el cartílago apenas tiene capacidad de regeneración, décadas de uso van erosionando esa reserva ya de por sí limitada. De ahí que las enfermedades articulares aparezcan justo cuando más las notamos.

Los propios autores señalan que la caída de producción de GAG es el cambio genético más extremo que ha sufrido nuestro esqueleto en toda la evolución humana. Más extremo, dicen, que casi cualquier otro ajuste relacionado con los huesos. Ahí es nada.

Todo esto encaja con una idea que lleva años rondando la biología evolutiva: nada es gratis. Tomàs Marquès-Bonet, investigador principal del IBE (CSIC-UPF) y catedrático en la Universidad Pompeu Fabra, resume que un cambio en las articulaciones, junto con huesos delgados y piernas largas, pudo haber favorecido la postura erguida.

Traducido: para levantarnos del suelo sobre dos patas hubo que aflojar la resistencia de las articulaciones. Ganamos alcance, ganamos manos libres y perdimos colchón.

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Por qué esto importa más allá de la curiosidad

Aquí está lo interesante de verdad. Si sabemos qué mecanismo genético hace que el cartílago sea más fino, tenemos una diana sobre la que trabajar. El estudio identifica esos interruptores, lo que abre la puerta a detectar antes a las personas con más riesgo, a poner medidas de prevención y, con suerte, a tratamientos mejores que los de ahora.

Nada de esto te va a quitar el dolor de rodilla esta tarde. Eso sí, saber de dónde viene cambia un poco la conversación: no es que tu cuerpo esté mal hecho, es que está construido con una receta muy concreta y bastante reciente.

Y ojo con la conclusión fácil. La evolución no nos diseñó para vivir noventa años corriendo maratones; nos diseñó para llegar a la edad reproductiva y poco más. Que las articulaciones fallen después es, estadísticamente, un problema nuevo. Somos la primera generación que se queja de algo para lo que no existía manual de instrucciones.

Eso sí, si te duelen las rodillas, ve al médico. La evolución no va a arreglártelas por su cuenta.

🧠 Para soltarlo en la cena

Aprendimos a caminar erguidos y lo pagamos con las articulaciones.