El Tribunal de Cuentas ha detectado deficiencias graves en el sistema de pulseras telemáticas para maltratadores que gestiona el Ministerio de Igualdad. El informe, publicado este miércoles, recoge interrupciones del servicio y errores de geolocalización.
Funciona así: el dispositivo avisa cuando un agresor con orden de alejamiento se aproxima a la víctima. Es la primera línea de protección cuando no hay un agente delante. Cuando falla, falla esa protección.
¿Qué ha detectado el informe del Tribunal de Cuentas?
El documento habla de 'graves deficiencias' en la contratación y en el seguimiento del servicio. Los fallos se reparten en dos frentes: interrupciones del servicio y errores en la geolocalización de los dispositivos.
La fiscalización se ha centrado en los contratos que Igualdad firmó en 2018, 2021 y 2023. El último de ellos estuvo vigente hasta mayo de 2026, según el texto del informe. El organismo revisó si lo contratado se correspondía con lo prestado.
La decisión de auditar estos contratos llegó después de que la Fiscalía General del Estado alertara en 2024 de 'múltiples fallos' en los dispositivos. No es la primera vez.
La fiabilidad de la pulsera no es un detalle técnico: de ella depende que la alerta llegue a tiempo cuando el agresor se acerca.
¿A quién afecta y qué cambia para las víctimas?
Las principales afectadas son las víctimas de violencia de género y sexual con una orden de alejamiento en vigor, que dependen de estos dispositivos para su protección. Los errores de geolocalización pueden retrasar el aviso cuando el agresor se aproxima, justo en el momento en el que ese aviso es determinante.
El efecto tiene dos caras. Una falsa alarma genera miedo y desconfianza en el sistema; un fallo silencioso deja a la víctima sin red. Por eso el informe pone el foco en el seguimiento del servicio, no solo en la compra de los aparatos.
Mientras se aclaran las conclusiones, los recursos oficiales siguen activos. El 016 atiende las 24 horas, es gratuito y no deja rastro en la factura, y el 112 responde ante cualquier emergencia. Toda la información está en la web de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.
Qué dice el precedente y qué pasos vienen ahora
El sistema lleva años funcionando y se ha renovado por contratos sucesivos, como los tres que ahora ha revisado el Tribunal de Cuentas. Los dispositivos forman parte del paquete de protección junto a las órdenes de alejamiento y el seguimiento policial, de modo que cualquier fallo afecta a una cadena entera.
Aquí no hay una queja suelta, sino una fiscalización de contratos públicos: se comprueba si lo que se pagó se ajusta a lo que se prestó. Las interrupciones y los errores de localización comprometen el servicio que debería garantizar esa protección.
Los avisos no son nuevos. Lo que cambia es el respaldo: ahora llegan dentro de una fiscalización de contratos públicos, un documento que repasa lo firmado ejercicio a ejercicio.
Una fiscalización no dicta sanciones ni sentencias: revisa cómo se gestionó el dinero público y deja por escrito las deficiencias detectadas. A partir de ahí, son las administraciones y el Parlamento quienes deciden si hay que rehacer contratos o reforzar el control.
En cuanto a los siguientes pasos, los informes de fiscalización se elevan a las Cortes Generales y suelen traducirse en recomendaciones para corregir la gestión. Los grupos parlamentarios pueden reclamar cambios en un servicio del que dependen mujeres con medidas de protección activas. El texto completo está disponible en la web del Tribunal de Cuentas.
La pregunta sigue abierta. Y tiene una traducción muy concreta para quien depende de un dispositivo para estar protegida.
📌 El foco social: las claves
- 🔎 Qué es lo importante: El Tribunal de Cuentas detecta interrupciones y errores de geolocalización en los contratos del sistema de pulseras.
- 👥 Quiénes son los afectados: Las víctimas de violencia de género y sexual con una orden de alejamiento en vigor.
- ➡️ Qué consecuencias puede traer: El informe reabre el debate sobre la fiabilidad del sistema y su seguimiento.



