San Mateo Apóstol y Evangelista: por qué un recaudador de impuestos se convirtió en el santo del 21 de septiembre

Cada 21 de septiembre, España recuerda a San Mateo Apóstol, el publicano que Jesús llamó sin condiciones. Descubre su historia real, verificada, y por qué sigue tan vigente hoy.

San Mateo Apóstol es, probablemente, el santo con la historia de reconversión más brusca del santoral cristiano. Este 21 de septiembre, miles de españoles celebran su fiesta sin saber que detrás del nombre hay un funcionario despreciado, un oficio maldito y un giro de guion que cambió el curso del cristianismo. No fue un pescador ni un predicador de cuna: fue un cobrador de impuestos al servicio de Roma.

Su historia importa porque desmonta un prejuicio muy actual: la idea de que la redención solo llega a quien ya "se lo merece". Mateo se levantó de su mesa de cobros y lo siguió sin mirar atrás, según narran los tres evangelios sinópticos. Esa escena, repetida durante veinte siglos, sigue siendo un espejo incómodo y esperanzador a la vez.

San Mateo Apóstol: el publicano que nadie quería cerca

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Antes de convertirse en apóstol, Mateo —también llamado Leví, hijo de Alfeo— ejercía uno de los oficios más odiados de la Judea del siglo I: recaudar impuestos para el ocupante romano. Los publicanos eran vistos como traidores por sus propios vecinos, ya que ese dinero servía para financiar a una potencia extranjera, no a su pueblo.

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Vivía y trabajaba en Cafarnaúm, a orillas del lago de Galilea, un cruce de caminos donde Jesús pasaba largas temporadas predicando y sanando. Es muy probable que Mateo ya lo hubiera escuchado antes de aquel encuentro decisivo, porque la fama del Maestro corría rápido por una ciudad tan pequeña.

San Mateo Apóstol: de la mesa de impuestos al primer Evangelio

El relato del llamado aparece en los tres evangelios sinópticos, pero solo Mateo se identifica a sí mismo por su nombre en el pasaje. Puedes leer el contexto completo de su vida y su obra en la ficha de San Mateo Apóstol, y entender mejor el escenario geográfico consultando el artículo sobre Cafarnaúm, la ciudad que Jesús eligió como base de su ministerio en Galilea. Ese detalle geográfico no es casual: Cafarnaúm conectaba rutas comerciales y por eso necesitaba una oficina de aduanas, el mismo puesto que ocupaba Mateo.

Tras seguir a Jesús, Mateo organizó un banquete en su propia casa al que invitó a otros recaudadores y "pecadores públicos", lo que provocó el rechazo de los fariseos. Jesús respondió con una de sus frases más citadas: no había venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Ese episodio, y no otro, es el que la tradición sitúa en el origen de su vocación apostólica.

Un evangelio escrito para conectar dos mundos

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El Evangelio de Mateo es, según la tradición eclesial, el primero en el orden canónico del Nuevo Testamento. Fue escrito pensando sobre todo en una audiencia judía, algo que se nota en sus constantes referencias a las profecías del Antiguo Testamento y su cumplimiento en Jesús. Mateo construye un puente deliberado entre dos tradiciones religiosas que, hasta entonces, parecían incompatibles.

Su texto incluye el Sermón de la Montaña, uno de los discursos más citados de la historia occidental, además de la genealogía de Jesús desde Abraham. No es un simple relato biográfico: es una obra teológica pensada para convencer a un público concreto de que las antiguas promesas se habían cumplido.

Lo que la tradición cuenta sobre su final

Después de la muerte y resurrección de Jesús, la tradición sitúa a Mateo predicando fuera de Judea, en regiones como Etiopía o Persia, según los relatos que se han transmitido durante siglos. Los detalles exactos varían según la fuente, algo habitual en las biografías apostólicas de los primeros siglos, donde la memoria oral precedió durante décadas al registro escrito.

La versión más extendida sostiene que fue martirizado mientras oficiaba una celebración religiosa, por orden de un gobernante local incómodo con su mensaje. Entre las curiosidades de su figura destacan:

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  • Su nombre, Mateo, significa "regalo de Dios" o "don de Dios" en hebreo.
  • Es el patrón de banqueros, contables y recaudadores de impuestos.
  • Su símbolo iconográfico es un ángel alado, uno de los cuatro seres del Tetramorfos.
  • Su antiguo oficio explica por qué a menudo se le representa con una bolsa de monedas o un libro de cuentas.

Del santoral a la fiesta popular: San Mateo en las calles de España

Más allá de la devoción religiosa, San Mateo también da nombre a una de las fiestas patronales más multitudinarias del calendario español: las Fiestas de San Mateo de Logroño, que cada septiembre llenan la ciudad de vendimia, gastronomía y música durante varios días consecutivos. La coincidencia entre el santoral y la vendimia riojana no es casual: la fecha marca tradicionalmente el final de la temporada agrícola.

Otros municipios, desde Canarias hasta Guadalajara, también celebran sus propias fiestas patronales en honor al apóstol, cada una con su sello local:

  1. Vega de San Mateo (Gran Canaria), con feria de ganado y romería.
  2. Pozo de Guadalajara, con su célebre desfile de carrozas.
  3. Oviedo, con festejos que se extienden durante más de una semana.

Por qué la historia de Mateo sigue resonando hoy

En una época obsesionada con el mérito y la reputación construida a base de likes, la historia de un hombre despreciado por su oficio y transformado por completo tiene un eco especial. No se trata de una lección religiosa exclusiva de creyentes: es una historia sobre segundas oportunidades que trasciende credos y generaciones.

El futuro de estas conmemoraciones pasa, cada vez más, por su dimensión cultural y comunitaria además de la estrictamente litúrgica. Las fiestas patronales asociadas a su nombre siguen creciendo en participación, prueba de que la tradición, lejos de apagarse, encuentra nuevas formas de mantenerse viva entre generaciones distintas.