El síndrome postvacacional es un mito: una investigadora de la UGR explica qué te pasa de verdad

La catedrática Isabel Peralta aclara que sentirse cansado o bajo de ánimo en septiembre no es un trastorno clínico. Es la respuesta lógica al contraste entre las vacaciones y la vuelta a las obligaciones.

Reconócelo: septiembre te ha caído como un jarro de agua fría y alguien te ha dicho que tienes síndrome postvacacional.

\n

Pues agarra el vaso de agua, porque una catedrática de la Universidad de Granada acaba de dejarlo claro: no es un trastorno clínico, es un proceso de adaptación. Isabel Peralta, coordinadora de Bienestar y Salud Mental de la Universidad de Granada, ha desmontado el término en una nota informativa que recoge Europa Press.

Publicidad

\n

Qué te pasa de verdad cuando septiembre te da un bofetón

\n

Lo que solemos llamar síndrome postvacacional suele juntar cansancio, fatiga, dificultad para concentrarse, tristeza o ansiedad. Y sí, suena a cuadro serio. Pero el origen es más simple: durante las vacaciones baja la exigencia laboral, familiar y social, y suben las actividades que nos gustan. Al volver, reaparece la carga mental, el trabajo acumulado y las obligaciones. Ese contraste provoca el desajuste, aunque no todas las personas lo vive igual ni con la misma intensidad.

\n

Y aquí llega el matiz incómodo: sentirte raro al volver de vacaciones implica que has tenido vacaciones. No todo el mundo puede decir lo mismo. Peralta propone tomar conciencia de ese privilegio y, desde ahí, gestionar el malestar sin dramatizar.

\n

Su primera recomendación es la que menos apetece con la maleta a medio deshacer: volver dos o tres días antes de reincorporarte. Aterrizar, deshacer el equipaje y recuperar horarios de sueño antes del lunes evita que el cuerpo pase del chiringuito a la oficina sin escala técnica.

Publicidad

\n

También pide bajar la autoexigencia durante los primeros días. Intentar resolver de golpe todo lo pendiente solo convierte la vuelta en una lista de tareas infinita. Y ahí sí que se te quitan las ganas de todo.

\n

Volver a la rutina no es una enfermedad: es el precio de haber tenido unos días de descanso.

\n

El truco no es odiar la rutina, sino meterle ocio a los martes

\n

Otra clave que me ha gustado: la rutina también puede tener ocio. No hay que asociar trabajo con malestar y vacaciones con felicidad. Septiembre no significa renunciar a dar un paseo, leer, ir al cine o quedar con amigos un martes. La rutina no es una condena, es una estructura.

\n

La recuperación de hábitos importa, sí, pero sin pasarse. Cuidar el sueño, la comida, el ejercicio y la organización diaria ayuda a ordenar el día. Ojo: deben ser herramientas de bienestar, no una fuente nueva de presión. La rutina, dice Peralta, tiene que ser flexible.

\n

Publicidad

Septiembre también llega cargado de propósitos: el gimnasio, el tupper, el curso de inglés. Si los planteas desde el todo o nada, acabas estrellándote. Conseguir solo una parte del objetivo también es positivo. No cumplir al cien por cien no es fracasar.

\n

Por qué septiembre no necesita que te conviertas en un robot de propósitos

\n

La especialista compara los hábitos con un piloto automático que reduce decisiones diarias. La clave está en que esa organización sea una guía flexible y no una fuente más de autoexigencia. Si un día no toca, no pasa nada.

\n

Y el mensaje final es para quienes estos días sienten que les cuesta arrancar: no hace falta estar siempre al cien por cien. Hay días más tristes, más cansados o con menos ganas. También hay que permitírselo.

\n

Así que si alguien te suelta lo del síndrome postvacacional, ya tienes respuesta: no es un trastorno, es que estás volviendo a la vida normal.

\n

🧠 Para soltarlo en la cena

\n

Volver a la rutina es un proceso de adaptación normal.