Papiros del Vesubio e IA: así se leen los textos que Herculano dio por perdidos

El equipo de Berkeley y el NIST fabricó papiros falsos con tinta de plomo y los coció a entre 400 y 900 grados para entrenar a los algoritmos con una verdad conocida. La clave está en un escáner portátil que detecta el metal.

Los papiros de Herculano llevan 2.000 años sin poder leerse. Unos científicos han encontrado la solución: quemar papiros nuevos a propósito.

La erupción del Vesubio en el año 79 d. C. sepultó la ciudad romana de Herculano bajo unos veinte metros de roca y ceniza volcánica. En el siglo XVIII, las excavaciones sacaron a la luz una biblioteca entera del mundo clásico, la Villa de los Papiros, pero la inmensa mayoría de aquellos rollos estaban carbonizados y eran tan frágiles que cualquier intento de desenrollarlos acababa en destrucción.

Hasta hace poco, leerlos parecía misión imposible. El Vesuvius Challenge y la tomografía de rayos X ya han desentrañado virtualmente trozos de estos textos, con escritos desconocidos de filósofos epicúreos. Pero hay un muro: la poca relación señal-ruido de los escáneres. A los ojos de los rayos X apenas hay diferencia entre las zonas con tinta y las que no, porque el soporte vegetal y la tinta negra son lo mismo: material orgánico carbonizado.

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Ahí entra la química.

Qué han hecho exactamente: fabricar un papiro falso y quemarlo

Un equipo de la Universidad de California en Berkeley y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) decidió no pelearse con los originales y hacerse su propia versión. Utilizaron láminas de papiro egipcio moderno, un cálamo de caña, y una tinta negra a base de agua a la que añadieron nitrato de plomo, el mismo metal que ya se ha detectado en varios fragmentos romanos reales, hasta alcanzar concentraciones superficiales comparables.

Después metieron el rollo en un horno de alta temperatura con poco oxígeno para simular los flujos piroclásticos del Vesubio, que llegaron a entre 400 y 900 grados. El resultado fue un cilindro negro, carbonizado y retorcido, con propiedades físicas y químicas casi idénticas a las de las reliquias napolitanas.

El truco no está en escanear mejor los originales, sino en fabricar copias que sabemos leer antes de quemarlas.

Luego vino el escáner de tomografía de rayos X y un programa informático hecho a medida, capaz de trazar la curvatura de la espiral y aplanar virtualmente las capas del documento en tres dimensiones. Sin filtros raros ni algoritmos extra, el equipo leyó con nitidez palabras escondidas en las capas internas del cilindro sellado, como el sintagma en inglés 'the children of'.

El plomo y el escáner portátil que puede cambiarlo todo

La clave de todo esto es el plomo. Este metal pesado reduce muchísimo la transmisión de radiación y dispara el contraste en las imágenes de rayos X, así que multiplica las probabilidades de que un algoritmo rescate el texto escondido. Estudios previos ya habían encontrado plomo en las letras de varios fragmentos de Herculano.

Y aquí llega el detalle que nadie esperaba. El equipo comprobó que un dispositivo portátil de fluorescencia de rayos X, de los que se usan para detectar pintura con plomo en las paredes de casa, identifica el metal en un papiro carbonizado con concentraciones de hasta 25 microgramos por centímetro cuadrado. Tradúcelo a dinero: cuesta una fracción de lo que cuesta un sincrotrón.

La propuesta es de lo más práctica: pasear ese escáner por los archivos de la Biblioteca Nacional de Nápoles, donde se guardan cientos de rollos originales, y saber en un rato cuáles tienen tinta con plomo. Solo esos candidatos recibirían el caro turno de escaneo en las grandes instalaciones.

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Por qué esto importa más de lo que parece

El Vesuvius Challenge ya demostró que la IA podía leer papiros carbonizados, pero entrenarla era ir a ciegas: nadie sabía qué decía el texto original y no había forma de comprobar si el algoritmo acertaba. Con los papiros sintéticos, los informáticos saben de antemano qué escribieron antes de quemarlo, así que por primera vez tienen una verdad empírica con la que entrenar sus modelos.

El doble enfoque reduce además el riesgo de manipular originales irremplazables. Y todavía queda biblioteca por abrir. 'Es asombroso lo que se puede conseguir que hagan los electrones', resume Douglas Seiler, autor principal del estudio, publicado en PLOS One.

🧠 Para soltarlo en la cena

Quemar papiros falsos con plomo entrena a la IA lectora.