De creadores de contenido a empresarios: los influencers españoles ya facturan más fuera de la publicidad

El auge de la creator economy empuja a perfiles como Alba García o Julieta Rueff a lanzar sus propios negocios. Y a sus empresas les va tan bien que la publicidad ya no es la única vía de ingresos.

Hay un giro que lo está cambiando todo entre los grandes creadores de contenido de España: ya no viven de la publicidad.

La creator economy mueve cifras estratosféricas. Según los datos que recoge El Economista, hay unos 50 millones de personas en el mundo generando ingresos como creadores y el mercado rozará los 480.000 millones de dólares en 2027. Cosas que pasan en 2026. Lo que interesa aquí no es la macro. Es el detalle: la tarjeta de presentación de un fundador ya no es solo su producto, es su comunidad.

De 'influencers' a empresarios: el salto que ya se ve en España

Alba García, fundadora de Closy, explica que tras seis años creando contenido en TikTok e Instagram sobre moda, empezó a detectar patrones y necesidades de estilo. De ahí nació su empresa, que digitaliza los armarios de los usuarios para darles sugerencias de ropa. Su historia resume el patrón: convertir la confianza de la comunidad en un negocio propio.

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Pero no todos hacen el camino en el mismo sentido. Julieta Rueff, fundadora de Flamaid, empezó con su empresa de granadas de defensa personal —ya hay 20.000 granadas en manos de otras tantas personas— y luego convirtió su perfil de Instagram en una ventaja competitiva. Para ella, la autenticidad genera una confianza que la publicidad tradicional no puede comprar.

Los nombres propios: Closy, Flamaid, Bimani y B3tter Foods

Laura Corsini, pionera en Instagram hace 14 años con Bimani, reconoce que en un momento se centró demasiado en en comunicar y descuidó el producto. Su cuenta personal tiene cinco veces más visitas que la corporativa y hoy es una de las principales vías de tracción del negocio.

Y luego está Alex Boisset, de B3tter Foods, cuya empresa nació ligada a la lucha contra el cáncer y el estilo de vida. Alex lo resume así: la exposición en redes o te destruye o te hace más fuerte. No es un eslogan. Es su día a día.

En España, la facturación de un creador ya no se juega solo en los patrocinios, sino en la capacidad de convertir su comunidad en un negocio con marca propia.

El precedente: cuando el fundador es la marca

Esto no sale de la nada. Antes de esta generación de emprendedores-creadores, ya vimos a figuras como Elon Musk o Steve Jobs convertirse en el mejor canal de comunicación de sus marcas. La diferencia aquí es que los influencers no necesitan construir la notoriedad desde cero: llegan con la comunidad ya hecha.

El problema de este modelo es que el negocio no puede depender solo de la cara del fundador. Jaime Pérez de Seoane, de Grupo Go, lo dice claro: una compañía sólida debe crecer más allá de su fundador. Y ahí está el reto para el creador que emprende: estructurar la empresa para que la tracción se traduzca en marca y sistema. Vaya que lo es.

¿Hasta dónde llegará este giro? Con un 57% de los creadores admitiendo estrés o burnout por la presión de crear contenido constante, el salto al negocio propio no es un capricho. Es una vía de escape y un colchón económico. La pregunta real es cuántos darán el salto y cuántos se quedarán a medias.

El Salseómetro

Nivel de salseo: 6/10. No hay beefs ni cancelaciones, pero medio internet se está preguntando si el futuro de los creadores pasa por dejar de depender de los patrocinios. El dinero manda (y las facturas, también).

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📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)

  • 👤 De quién hablamos: De los creadores de contenido españoles que se pasan al mundo empresarial.
  • 📲 En qué red social ha pasado: Sobre todo en Instagram, TikTok y YouTube, donde nacen sus comunidades.
  • 🔥 Por qué es viral: Porque la creator economy ya no se paga solo con publicidad y los influencers facturan con negocios propios.