¿Cuesta volver a la rutina? 4 errores frecuentes en el regreso al trabajo explicados por un experto

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Responder a todas las urgencias pendientes sin distinguir lo crítico de lo aparatoso

Manos usando un desfibrilador en un paciente durante una situación de emergencia de RCP.

El regreso de vacaciones convierte la bandeja de entrada y la mesa de trabajo en un escaparate de asuntos pendientes que, vistos en bloque, parecen todos urgentes. El experto advierte de que se trata de una ilusión perceptiva: como todo ha esperado nuestra ausencia, la mente lo coloca en tiempo presente y le concede la misma etiqueta de urgencia, sin reparar en que buena parte de lo acumulado es solo voluminoso —correos en copia, boletines, solicitudes que quizá quien las envió ya resolvió—, no crítico. Atenderlo todo en el orden en que aparece en pantalla lleva a quemar las primeras jornadas apagando fuegos de bajo valor mientras lo verdaderamente crítico, un plazo de cliente o una decisión bloqueada, espera sepultado entre el ruido. El coste no es solo de tiempo: responder con prisa a demandas mal priorizadas multiplica los errores y agota la energía justo cuando el cerebro todavía no ha salido del modo vacaciones.

Por eso este error merece estar en la lista: es la causa directa de arrancar el curso ya agotado. La distinción entre lo crítico y lo aparatoso remite a la matriz que separa lo urgente de lo importante, popularizada por Stephen Covey: lo que exige respuesta inmediata no siempre coincide con lo que genera impacto real, y al volver conviene empezar por lo segundo. Harvard Business Review insiste en que el primer gesto del lunes sea revisar qué corre prisa de verdad y asumir que no todo es extremadamente importante. La maniobra correcta, coinciden los especialistas en productividad, es invertir la primera media hora en hacer inventario —hablar con el equipo, repasar asuntos y remitentes— antes de ejecutar, y aplicar una regla sencilla: si la petición fuera tan crítica, habrían llamado en lugar de dejar un mensaje. Así se separa lo que exige atención inmediata de lo que puede esperar a la semana, y se evita que el volumen, y no la relevancia, dicte la agenda.

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