4Doñana en septiembre: aves migratorias en el humedal que no se moja
Septiembre concentra en Doñana el mejor espectáculo de la migración postnupcial: cientos de miles de aves que criaron en Europa cruzan el bajo Guadalquivir rumbo al África subsahariana, y en los cielos se suceden abejarucos, papamoscas, tarabillas y aguiluchos cenizos. La paradoja es que el escenario está seco: el año hidrológico termina en septiembre y la marisma amanece sin agua, a la espera de unas lluvias que, de media, no llegan hasta octubre. Por eso la vida se refugia donde aún queda humedad: en el caño Guadiamar se concentran cigüeñas blancas, espátulas, moritos y flamencos, y en los arrozales del noroeste, inundados desde mayo, miles de limícolas, garzas y patos aprovechan una despensa de insectos, anfibios y cangrejos mientras avanza la cosecha. Añádase la berrea del ciervo y el resultado es una cita ineludible para quien quiera ver naturaleza en vivo a un paso de casa.
Que el humedal no se moje no resta atractivo, pero añade urgencia a la escapada. Doñana atraviesa su peor crisis hídrica: la invernada de enero de 2024 fue la más baja de la historia, con 122.196 aves acuáticas censadas, un 60 % menos que el año anterior, y el ánsar común, emblema del parque, cayó a unos 4.200 ejemplares frente a los 40.000 o 50.000 habituales. La marisma permaneció inundada apenas 35 días en 2024, frente a los 63 de media, y Santa Olalla se secó por tercer septiembre consecutivo. Aun así, el otoño sigue siendo la mejor ventana para el birding: garzas, grullas y águilas pesqueras llegan del norte de Europa y las aves se observan desde El Rocío, a unos 45 minutos de Huelva y Sevilla, en rutas guiadas y paseos en barco. Ver la migración en directo es también comprobar de cerca qué se juega el último gran humedal de Europa occidental.
